jueves, 20 de julio de 2017

El régimen criminal de Maduro

La Asamblea Constituyente convocada en Venezuela, para la que están previstas elecciones este mes (organizadas y supervisadas por el Poder Electoral venezolano, a diferencia de las recientes elecciones realizadas por la oposición/parlamento de Venezuela, a pesar de que el presidente omnipotenciario Maduro dijo que las iba a "tolerar"; como si la democracia necesitara de "tuteladores", es decir dictadores, o al pueblo se le pudiera comprar con regalos, una práctica demasiado extendida en Venezuela y otros países), esta Asamblea Constituyente del madurismo se basa en una muy discutible interpretación de la Constitución de Venezuela y no cuenta, como decimos, con el respaldo de la mayoría de la población (obviamente, como el madurismo tiene en su poder de manera golpista y fraudulenta todos los poderes del Estado, podrá manipular e instrumentalizar para hacer creer lo que quiera, pero, como decía un eximio comunista, "los hechos son tozudos", y la verdad es la verdad la diga Agamenon y su porquero, un atributo de la verdad que debe servir a los débiles para defenderse de las injusticias), por extensión, el madurismo tampoco cuenta con el apoyo de la mayoría de los partidos políticos, de las "fuerzas vivas" de la sociedad, como se decía antes, agentes sociales, etc., es así de claro y esta verdad podrán intentarla camuflar y disfrazar desde el régimen madurista, desde el Palacio de gobierno de Miraflores, sus capitidisminuidos aliados políticos como quieran, pero al final acabará saliendo a la luz.

Es la pretensión de un partido en el gobierno (muy mermado, por más que maneje la chequera y el amedrentamiento) y de sus apoyos sociales e institucionales de mantenerse en el poder a cualquier precio, y para ello recurren a todo tipo de tropelías y fraudes, financieros, judiciales, policiales, para-militares, de todo tipo.

En los últimos diez o veinte años de política internacional es difícil pensar en un gobierno en el mundo que lo haya hecho tan mal y durante tanto tiempo. Modestamente, sólo se me ocurren países de la misma zona geopolítica (América Latina) que Venezuela, México y Brasil; Perú, Honduras y Paraguay también serían casos agudos de crisis política, pero de alguna forma allí sus coyunturas encontraron una salida airosa, no son países que no sufran periódicos terremotos políticos (ahora el matrimonio ex-presidencial de los Humala en Perú se enfrenta a acusaciones de corrupción; Honduras se está hundiendo en el tráfico de drogas que envuelve a toda América Latina; y en Paraguay la violencia política tampoco ha cesado como se pudo apreciar el pasado 1 de abril). México y Brasil son, en cambio, casos singulares, en mi opinión, que no se pueden poner al mismo nivel que Venezuela. Es verdad que en México la élite política (sus dirigentes políticos) está tan corrompida como la de Venezuela (con muy destacables excepciones: vean sino el reguero de asesinatos de políticos, mayormente alcaldes, que no se pliegan a las demandas de los jefes de la droga); pero a pesar de ser México un país tocado por la corrupción a diferentes niveles, a pesar de tener una élite política (y la destaco por encima de cualquier otra dirigencia) corrompida, es un país que "milagrosamente" logra sostenerse medianamente saludable a otros niveles de responsabilidad (ya he mencionado a los alcaldes), académicos, empresarios que soslayan como pueden las redes de corrupción, partidos o fracciones políticas que no le hacen el juego a los del otro bando corrompido (y que pueden llegar a dirigir ayuntamientos, gobernaciones y Estados), el propio ejército que parece que es más resistente a dejarse comprar por el narcotráfico (y encabeza la lucha contra el mismo). En fin, que en México, con todo lo que podamos criticar, que es mucho, la situación social, política y humanitaria no llega a ser tan desesperada y alarmante como en Venezuela. Y en cuanto a Brasil, con toda claridad y con toda honestidad, es un país que lentamente se va recomponiendo, sufre una polarización social y política, pero las instituciones se mantienen medianamente a salvo de ella, no se ve en las calles ajustes de cuentas o la instrumentalización revanchista de las instituciones; el país tiene sus propios problemas internos de desarrollo, justicia social y crecimiento, pero los va resolviendo por sí mismo, como hacen todos los países del mundo.

Entonces, qué pasa en Venezuela. Que se ha llegado a tal extremo de polarización social y política, de instrumentalización revanchista de las instituciones, de crisis económica y humanitaria, que la situación del régimen del chavismo y del madurismo, su posición en el mundo, ya es simplemente insostenible, más allá de los acuerdos internacionales políticos y económicos a los que haya llegado.

Venezuela no es el único país que ha pasado por una situación así, históricamente, en la edad contemporánea, tanto en la historia reciente como pasada; incluso Venezuela ha pasado en su historia por situaciones parecidas (y la forma en que se resolvieron no fue precisamente de buen augurio para el gobierno de Maduro).

Algo muy parecido a lo que le pasa ahora al gobierno de Maduro fue lo que pasó el de Bashar al-Assad en Siria entre 2011 y 2012. Pero la resolución de la crisis en Siria no fue nada parecida a la de Venezuela. Sin considerarme "assadista", al-Assad impulsó una serie de cambios políticos y legales que se parecen muy poco a los impulsados por Maduro. Para empezar al-Assad organizó una gran coalición contra la agresión extranjera de Al Qaeda (como brazo terrorista), Turquía y Arabia Saudí, al-Assad levantó (abrogó) una legislación que se consideraba de "estado de excepción", y reunió en torno suyo a políticos e intelectuales que le habían criticado, dándoles incluso responsabilidades gubernamentales. En la cuestión siria estaba claro cual era el enemigo y a que nos enfrentábamos.

Maduro lleva más de un año gobernando en "estado de excepción", que le da pie para que él y sus fuerzas represivas hagan lo que quieran. Ha enemistado a muchos antiguos amigos, ha engordado las filas del chavismo "crítico" o disidente. Ha llevado a la población civil a un enfrentamiento que no tiene parangón en la historia de Venezuela, ni siquiera en un país como Venezuela con su particular historia de guerras civiles, ha eliminado cualquier tipo de control democrático sobre su gobierno y se ha arrogado prácticamente todo el poder institucional del país (lo que ahora justificaría la nueva Constitución que se aprobara); ha convertido al país en un gran tinglado económica donde se compran y venden voluntades, se maneja el precio del dinero según la voluntad del gobierno, se ha reducido la producción del país a niveles casi irrisorios, por eso nadie se cree lo de los "motores de la producción", ha vendido el país, en una palabra, y ahora, quienes se lo han comprado, que son China, Rusia, Cuba, Irán, y también EE. UU. (que tiene a empresas metidas en el "motor minero" y es de los pocos países que le compra petróleo), ya no son suficientes para seguir manteniendo su régimen, ni económicamente ni ideológicamente son suficientes para mantener el emporio del poder chavista; y no será porque no se desvela en comprar voluntades en medio mundo, especialmente en América Latina (de ahí que busque refugio diplomático en el grupo de países del Caribe), pero no es suficiente.

Todo se arreglaría rebajando la represión, encarando un franco diálogo de reconciliación nacional; en cambio, el régimen optó por lo que su "loquero" (Jorge Rodríguez) llamó la terapia de electrochoque (que me dicen de la comparación: terapia de electrochoque, terapia de choque, ¿no suena a lo que pasó en Europa del Este cuando se acabó todo? Cuántos intereses oscuros estarán por aquí danzando). Y la terapia de electrochoque o de choque le va a salir por los dos ojos de la cara al país. Si el gobierno de Maduro hubiera de verdad ido al diálogo, ido a las elecciones, respetando los calendarios legales, pero yendo de verdad a elecciones, con transparencia y claridad, todo el sufrimiento que está pasando Venezuela se podía haber evitado, al menos ahora se estarían poniendo las bases para revertir la situación. Pero no, Maduro, su propagada, sus televisiones, los grupos de poder que campan alrededor de su gobierno quisieron otra cosa, y van a hacer que esta lección no se les olvide a los venezolanos en mucho tiempo.

Como decía antes, en el caso de Siria teníamos claro cual era el enfrentamiento (no digo nada de Libia porque creo que estaba clarísimo, excepto para los chavistas que apoyaban y siguen apoyando al gobierno de Venezuela como Santiago Alba Rico, Atilio Borón o Ernesto Laclau); en el caso de Ucrania también, a pesar de todo lo que podamos decir de los tejemanes del ex-presidente Yanukovich (de los que se podía decir muchas cosas), estaba claro que se quería hacer pasar por el aro de la Unión Europea, aprovechando unas protestas legítimas, pasando por encima de carros y carretas, provocando por extensión un conflicto social, político y cultural entre el Este y el Oeste del país, y llevando al poder a grupos discreta o abiertamente fascistas (como Svoboda o Sector Derecho). Pero, aquí, en Venezuela, ¿dónde está el conflicto?, ¿entre ricos y pobres? Si el gobierno ha conseguido empobrecer a todo el mundo. ¿Entre élites y masas? Si el gobierno se ha convertido en la principal élite acaparadora y monopolista del país. ¿Entre religiones, entre orígenes sociales? ¿Acaso vemos a los habitantes de los famosos "ranchos" (chabolas) contra los que viven en urbanizaciones de lujo? No, vemos a todo el mundo, pero especialmente a vecinos de barrios populares, ir a enfrentarse al centro de la ciudad con la policía, encararse a los chavistas enriquecidos de forma injustificada, y les vemos hacer frente a los famosos "colectivos" que pueden proceder de barrios populares o no, que actúan de consuno acuerdo con la guardia bolivariana de forma indiscriminada.

En Venezuela no hay divisiones mayores, importantes, por motivos culturales, sociales, políticos, más allá de que unos y otros hayan tenido mejor o peor suerte, hayan adquirido un patrimonio por su trabajo o herencia. El chavismo hizo una gran labor en la redistribución de la riqueza y la justicia social, de acuerdo, pero también generó una clientela que se comió el patrimonio, oportunistas que se dedicaron a vivir del cuento y, en definitiva, corrupción, y todo eso había que corregirlo cuando no combatirlo. Es verdad que Chávez era muy grande, y era capaz de manejar todas esas contradicciones, con sus más y sus menos, pero era capaz de manejarlas; pero Maduro no se ha dedicado a manejarlas, se ha dedicado a aplazarlas, cuando no a dejar que camparan a sus anchas y crecieran.

La convocatoria de la Asamblea Constituyente no ofrece ninguna solución realista y viable a todos los problemas que atraviesa Venezuela, más bien es la constatación de que el gobierno de Maduro es incapaz de atajarlos, corregirlos y remediarlos.

¿De manera que, Maduro para cuando se va? ¿Va a esperar a poner a un sustituto o una sustituta como ha puesto a los jueces express del Tribunal Supremo, como ha convocado una Asamblea Constituyente a la medida de sus intereses, como ha desautorizado y repudiado a la fiscal general, como pretende realizar unas elecciones absolutamente fraudulentas para alcaldes y gobernadores después de que salga adelante su engendro Constituyente?

La situación política de Maduro y su gobierno es absolutamente inviable, y de quienes intenten sucederle en esa situación también.




Por la memoria, la dignidad y el honor de todos los venezolanos que han dado su vida en las calles para tener un país mejor libre completamente de la tiranía y de los sueños dictatoriales de nadie.