lunes, 11 de abril de 2016

Donald Trump, el nuevo Reagan



Escucho de todo sobre el "fenómeno Trump" o el "efecto Trump", como escuchaba casi de todo sobre el mismo efecto o fenómeno referido a Obama en 2008.

¿Alguien se fijó en Obama como un candidato con posibilidades de llegar a ganar la carrera presidencial demócrata de 2008, en diciembre de 2007? La gran favorita era Hillary Clinton, a quien respaldó el "aparato" del Partido Demócrata, casi hasta el final de las Primarias demócratas, fue a Clinton, que desde luego luchó como una jabata, y ganó muchos Estados de la Unión federal de EE. UU., e incluso obtuvo más votos populares que Obama... Entonces, ¿por qué salió Obama como candidato del Partido Demócrata? Por el apoyo de un aparato mucho más grande e importante que el aparato del Partido Demócrata, por el apoyo del aparato del Nuevo Orden Mundial: por el apoyo del poder financiero y del mediático, por el apoyo del sector demócrata contrario a los Clinton (los Kennedy, etc.), por el apoyo del looby negro (que movilizaba a la gran mayoría de la minoría afroamericana de EE. UU., sin importar su tendencia ideológica o política, sus creencias religiosas o filosóficas, etc.: recordemos el impacto propagandístico que suponía que un negro aspiraba por primera vez con seguridad a la presidencia de EE. UU...).

Sobre la carrera presidencial de 2008 recomiendo la película Game Change, de corte socialdemócrata/progresista (lo que en EE. UU se denomina liberal), al fin y al cabo está hecha por Hollywood: Para entender la carrera presidencial de EE. UU. de 2008 es clave lo que ocurrió en ese verano, tras la resolución del comité electoral demócrata de respaldar como candidato a Obama a finales de junio, y el acto de presentación de su candidatura en agosto: Obama realizó su célebre discurso en Berlín (el 19 de junio), se presentó como su candidato a vicepresidente a Joe Biden (ex-clintoniano), y los republicanos, por su parte, nombraron a John McCain (héroe de guerra) como su candidato a presidente y a Sarah Palin (ultra-conservadora) como candidata a vicepresidenta por los republicanos. McCain se había metido en el bolsillo a los republicanos desde finales de enero, con un atrevido programa económico favorable a la recuperación financiera de las clases medias y medias-bajas; tenía un gran apoyo en el sector bipartisano del partido republicano, estaba acostumbrado a llegar a acuerdos con los demócratas del Senado (donde era senador por Arizona), por tanto, bien situado entre las élites financieras y políticas del país, conservador de larga data, pro-sionista amigo del ala derechista del partido demócrata (entre sus grandes valedores en el partido demócrata se encontraba el senador "independiente", para poder seguir siendo senador, Joe Lieberman). McCain era un clarísima figura "bipartisana", como dicen en EE. UU., acostumbrado a llegar a acuerdos con los demócratas y que, por tanto, giraba en torno al centro de la esfera política estadounidense. Pero en el verano de 2008 remarcó su perfil conservador, eligiendo a Sarah Palin para que lo acompañara como candidata a la vicepresidencia en el ticket republicano de 2008 para la Casa Blanca. Eso y, además, su talante claramente belicista (con periódicas amenazas dirigidas a Irán), cuando la sociedad estadounidense lo que quería era acabar con las guerras en el extranjero, su animadversión a todo lo que fuera el izquierdismo y la cultura progresista que se había actualizado con la guerra de Irak... En definitiva, el mensaje de McCain se distanció de la gente y, como mucho, sólo logró fidelizar al voto que ya era conservador... Cargaba con la "herencia" recibida de Bush, en lo económico, en lo político-militar, McCain era percibido como alguien del pasado, no del futuro. Frente al mensaje "mesiánico" de Obama, que el mismo denunciaba, poco podía hacer.



La pelea, en el partido demócrata, de los Obama contra los Clinton, y en definitiva de los Kennedy contra los Clinton (el último gran patriarca de los Kennedy, Edward Moore "Ted", moriría en 2009) rememoraba las viejas peleas dentro del Partido Demócrata, del Sur contra el Norte (que data de los años de la guerra civil, en la segunda mitad del siglo XIX), del proteccionismo contra el librecambio, de los grandes industriales contra los trabajadores, de las minorías raciales en pos de su equiparación con la mayoría blanca... En todas esas peleas chapoteaban Barack Obama y Hillary Clinton. Obama, por ejemplo, haciendo gala de una gran desparpajo e hipocresía, reprochaba a Bill Clinton que realizara el Tratado de Libre Comercio de Norteaméricana (aunque sus asesores hablaran luego con las autoridades canadienses para tranquilizarlas sobre tales denuncias), pero a la vez se ponía del lado de las políticas económicas de Reagan (reaganomics) frente a las políticas económicas demócratas de Clinton; Hillary Clinton, por su parte, se refugiaba en el votante tradicional del Partido Demócrata y en una política internacional "templada" que supusiera garantizar la hegemonía global de Estados Unidos.

Lo que en este vídeo está defendiendo Bill Clinton, frente a los ataques de Barack Obama, quien demuestra que en privado se le caía la baba por Ronald Reagan (igual que cualquiera de nuestros hipo-gresistas), es un típico planteamiento socialdemócrata nuevo o modernizado, frente a la vieja socialdemocracia laborista, que en estos momentos puede defender Bernie Sanders, y que se resume en el planteamiento de los "nuevos" demócratas acerca de la "triangulación", cuyo referente en el viejo continente Europeo será el de la "tercera vía": se resume en admitar la ola de la globalización, pero paliándola con una ampliación de los derechos económicos y sociales... Que nadie se engañe, Bill Clinton ganó las elecciones generales de 1992 diciendo que había que intervenir militarmente en el conflicto de los Balcanes, frente a la actitud más conservadora por entonces de los republicanos.

¿En que se parecen las políticas económicas de Obama (obamanomics) a las de Reagan (reaganomics)? Yo diría que en nada. Reagan era un conservador en todos los aspectos, Obama era un liberal (un izquierdista, para los europeos) en todos los aspectos, incluido en el militar e injerencista en otros países. La gran apuesta de política interior de Obana, el Obamacare, pasa sin mayor gloria (https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Protecci%C3%B3n_al_Paciente_y_Cuidado_de_Salud_Asequible)... Porque lo que reprocha el país, y muchos de sus antiguos votantes, es la pérdida de poder adquisitivo, la pérdida de trabajos, el declive económico del país, también del militar... A diferencia del Gobierno Bush, el Gobierno Obama ha "subcontratado" sus operaciones militares en el extranjero, con los "yihadistas" (a los que luego sufre por sus atentados y dice perseguir), o ha entrado en plataformas militares internacionales para poder defender su presencia en todo el mundo (operaciones "anti-terroristas", utilización de la OTAN en la guerra ilegítima de Libia, etc.). Otras estrellas de la cuasi década obamita: la elaboración de los tratados de libre comercio (que hipócritamente denunciaba en las Primarias de 2008) del Atlántico y del Pacífico, además de las Américas; y el acercamiento económico y político a Cuba. A diferencia de Bush hijo, Obama rebajó la tensión con los países latinos de América, y reafirmó la alianza de Estados Unidos con los países árabes, contribuyendo a remodelar todo el área de países árabes; rebajó la tensión con Irán, a cambio de visibilizar un mayor enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán; rebajó también la tensión con Rusia, a cambio de ceder ante el nuevo poderio mundial que representa Rusia, y que ya inquietaba a la Corte neoconservadora de Bush Jr., coaligado con el resto de potencias emergentes a nivel mundial de los BRICS --que no es que representen una amenaza para EE. UU., sino el acuñamiento de una nueva estrategia globalizadora del Nuevo Orden Mundial (político-financiero) que inquieta a los nacionalistas de Estados Unidos, y es ahí cuando aparece Donald John Trump.

¿Quién se tomó en serio la campaña presidencial de Donald Trump hasta enero de este año? Como en el caso de Obama en 2008, Trump no partía como favorito en la carrera de las Primarias republicanas. Todo el mundo se fijaba, de una u otra forma, en quien iba a continuar el legado "político" de los Bush. Incluso el hermano de George W. Bush y ex-gobernador de Florida, John Ellis "Jeb", se presentaba a la carrera como continuador de la dinastía política familiar. Pero a partir de enero quedó claro que al legado de los Bush le había salido un clarísimo rival, y ese no era otro que Donald Trump. Trump desafía el legado de los Bush y, en general, la política expansionista en todos los aspectos de los neoconservadores que acompañaban a los Bush, de los tecnócratas y en general del "establishment" (el aparato) del Partido Republicano. Con su estilo populista, mezclaba valores conservadores e ideas nacionalistas, en una mezca explosiva que removía a la América profunda, a la América que los conservadores (el Partido Republicano) tenía que remover si quería volver a la Casa Blanca. Se dice de Donald Trump que su perfil no es exactamente republicano-conservador, lo que requiere de matizaciones. En primer lugar, Donald Trump es seguidor de la Iglesia presbiteriana, de origen escocés como su madre, (y a la que reconoce una gran influencia en su vida a través del predicador Norman Vincent Peale), y se graduó en una escuela de cadetes (una especie de academia militar pre-univesitaria), tras licenciarse en una escuela de negocios, entró en el negocio familiar de la construcción, heredándolo, relanzándolo a nivel de todo EE. UU. e internacionalizándolo. De manera que su perfil profesional no puede ser más conservador-republicano. En cuanto a su vida personal, es cierto que se divorcia dos veces, como muchos estadounidenses, pero también es cierto que valora altamente la vida familiar y la educación de sus hijos. Políticamente hablando, sus lealtades han oscilado en el pasado entre el Partido Republicano y el Demócrata, lo cual tampoco tiene nada de extraño; en un país donde se puede votar en las Primarias de los partidos sin necesidad de ser afiliado, donde el compromiso bipartidista o bipartisano está a la orden del día para sacar adelante leyes y proyectos de ley, donde la relación entre política y economía es tan estrecha, y donde la vida es vista en sí misma como un "negocio", no tiene nada de extraño que el compromiso partidista no abunde; alrededor de los grandes partidos del país suele haber pequeños partidos que son los que de verdad mantienen el compromiso ideológico y la fidelidad a los valores, y muchas veces es a través de esos partidos como los grandes se llenan de vida, por no hablar de las corrientes internas de los partidos organizadas bajo la denominación de "caucus" o delegaciones descentralizadas del partido, el país está mucho más acostumbrado a la relación inter-partidista y al cambio eventual de lealtades, los negocios y la política están intimamente ligados y nadie se quiere comprometer demasiado a costa de perder una oportunidad laboral o comercial... menos aún en un terreno tan regulado y sensible a las presiones políticas como es el inmobiliario. De manera que no tiene nada de extraño que el apoyo de Donald Trump con el Partido Republicano fuera circunstancial, al menos hasta el 2008. Significativamente, a partir de la elección de Obama su aproximación al Partido Republicano ya es inequívoca, en las Primarias demócratas de 2008, por ejemplo, apoyó a Hillary Clinton frente a Obama y, luego, para las elecciones generales de noviembre del mismo año, pidió el voto para el candidato republicano, John McCain.

Se le tacha también a Trump de racista o de sexista, lo que tiene una fácil respuesta: sólo hay que fijarse en la cantidad de gente no-blanca y en las mujeres cuyas carreras se han promocionado en sus empresas. Es una cuestión que no soporta una análisis objetivo.



Obama ha sido para Estados Unidos lo que fue Carter en 1977, y Trump está a punto de ser para ese país lo que Reagan en 1981. En momentos muy diferentes, pero los mensajes de uno y otro son muy similares a los que mensajes que dieran esos predecesores de sus respectivos partidos. Carter terminó con la división que había dentro del propio Partido Demócrata entre el Norte liberal y el Sur más nacionalista y conservador. Reforzó la relación económica y política con la China "popular", que la colocaba en el papel de socio preferente con respecto a EE. UU., pero encontró su talón de Aquiles en la política internacional y, más concretamente, en el apoyo que EE. UU. brindó al rey de Persia, defenestrado por una revolución que le coste reputación y credibilidad a Estados Unidos en la esfera internacional. Como Carter, Obama también se caracterizaba por ser uno de los miembros más "liberales" del Partido Demócrata, en la esfera internacional se encargó de estrechar lazos con diferentes naciones pero también apoyó a Gobiernos extranjeros en situaciones difíciles o ayudó a provocar cambios de Gobierno cuanto menos controvertidos, y como Carter arrastró una crisis nacional e internacional de la que el país no acababa de salir, unido al repliegue del papel de EE. UU. en el extranjero y al aumento de las amenazas para los ciudadanos y los intereses de EE. UU. en todo el mundo.

Y como Reagan, Trump plantea regresar a un momento fundacional de EE. UU., y no tanto a los sueños de dominación mundial de los neoconservadores. Entre las dos alas principales del Partido Republicano, la neoconservadora (expansionista) y la paleoconservadora (aislacionista) hay muchos puntos en común: la bajada de impuestos, el empleo "nacional", la seguridad fronteriza, los valores religiosos, la primacía de la Constitución, la fortaleza militar... Por esa razón, se recurre a los Republicanos cuando se trata de defender a la nación estadounidense, y a los Demócratas cuando se trata de tender puentes con el resto del mundo. Desde luego, entre medias están las operaciones de "falsa bandera", las provocaciones calculadas, los intereses imperialistas, el gobierno "mundial" detrás de las reuniones "discretas" de las élites políticas y financieras internacionales. A la larga, el sistema "bipartidista" en EE. UU. no parece sufrir una gran merma, es una forma auto-suficiente y económica de gestionar los intereses de un país, llegar a acuerdos y tender puentes con otros países. Tradicionalmente, tanto neo-conservadores como paleo-conservadores, son reacios a comprometerse demasiado con la marcha del resto del mundo. Lo cual quiere decir que, independiente de cual sea el candidato del Partido Republicano que llegue al poder, la relación de Estados Unidos con el resto del mundo sufrirá un enfriamiento, lo que no quiere decir que se inhiba de lo que pase en el resto del mundo. Reagan no lo hizo, ni mucho menos. Pero ya no estamos en un escenario internacional "bipolar", y las mentes pensantes del Gobierno de EE. UU. lo saben. Trump será una novedad inaudita, como lo fue el mismo Reagan, como lo fue Theodor Roosevelt (uno de los referentes de la campaña de John McCain), y en ese sentido todo el mundo estará sobrecogido su primer año de mandato, como en cierta forma lo estuvimos el primer año de mandato de George W. Bush, hasta que llegaron los "ataques" a las torres gemelas de Nueva York. Pero esta vez, bajo el brazo el presidente de EE. UU. no llevará un dossier que ponga "Nuevo Siglo Americano" sino, muy al contrario, "América Primero".




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miércoles, 6 de abril de 2016

La Semana del Nuevo Orden Mundial: los "papeles de Panamá" y las Primarias del Estado de Wisconsin (EE. UU.)


No actualizó el blog como me gustaría, básicamente por falta de tiempo. Preparaba algo sobre el referéndum de re-elección que había perdido el presidente saliente boliviano, Evo Morales, en Bolivia, pero la falta de tiempo no me permitió hacer una entrada con el pormenorizamiento que me hubiera gustado, asistimos a lo que ya sabíamos, a que el Socialismo del Siglo XXI anda en retirada en América Latina, de lo cual, en líneas generales, nos debemos sentir satisfechos, pero, como digo, no tengo el tiempo necesario para contar todos los cambios que se están produciendo en el subcontinente americano y que vienen a confirmar esa tendencia; en definitiva, a lo que asistimos, y en esto coincido con lo que dice algún politólogo de esa "región", es a la enésima ola re-democratizadora, que viene después de las "olas democratizadoras" de los países árabes y antes de los países de la Europa del Este, saludadas con mucho entusiasmo por la izquierda trotskista (ambas), la misma que se apunta a todas las movidas de la izquierda, incluida la del bolivarianismo y que, por eso mismo, esta vez a lo mejor no le hace tanta gracia que se "regeneren" las Democracias-Liberales de América Latina... Por cierto, ahora está corriendo un candidato trotsko en las "primarias" de Estados Unidos, ¿cómo se llama?, ah, Bernie Sanders. 



Esta Semana ha sido un éxito rotundo para el Nuevo Orden Mundial, por dos razones. Aparte de que, por fin, se ha liberado Palmira, lo que ya habían previsto los Globalizadores en otoño pasado, a partir de la implicación directa de Rusia en la guerra de Siria... De ahí, en fin, el recrudecimiento del "frente yihadista" en Europa. Aparte de eso y de que, bueno, los Globalizadores tienen que improvisar para encajar reveses como el de los rusos en Siria... Y, creedme, por el momento sus planes no se les han desdoblado en lo sustancial (fragmentación de Siria e Irak, y Nuevo Oriente Medio), aparte de eso esta semana "nos hemos desayunado" con dos noticias que seguro que suponen un gran alivio para los planes de los Globalizadores y confirman sus previsiones a largo plazo (a largo plazo... ): los "papeles de Panamá" y las Primarias de Wisconsin en Estados Unidos.

Para que nos entendamos, los papeles de Panamá son como un vendedor que conoces de toda la vida y que trata de venderte siempre lo mismo (un televisor, un coche o unas zapatillas de marca) y que nunca lo consigue pero nunca pierde la esperanza de conseguirlo alguna vez. Entonces, siempre que te ve, te acaba sacando el tema de aquello que te quería vender, pero de tal forma que tú no te acuerdes de la última vez que lo intentó y siempre te lo acaba presentando como una ganga y algo novísimo. Bueno, pues eso son los "papeles de Panamá". Un cuento muy bien contando, pero un cuento al fin y al cabo, con el que no se trata tanto de hacer más "transparentes" las relaciones financieras a nivel internacional sino de saldar cuentas con y entre los poderosos, ofreciendo una imagen de "aparente" democratización de las relaciones internaciones (transparencia), de persecución del fraude y, especialmente, de persecución de los ricos y poderosos, que se supone que tiene que llenar de gozo y satisfacción a los más humildes y no tan poderosos. Ese es un cuento que nos han contado esta semana...

El otro cuento que nos han contado esta semana es que Donald J. Trump, el millonario televisivo que se presenta a la presidencia de Estados Unidos, con una candidatura que actualmente corre las "Primarias" del Partido Republicano, ha perdido en el Estado de Wisconsin: mentira podrida. DONALD JOHN TRUMP HA GANADO EN WISCONSIN. Y si hubiera un mínimo de justicia y de dignidad en el Mundo, empezando por EE. UU., se le reconocería su victoria en las Primarias del Partido Republicano del Estado de Wisconsin. Lo que pasa, que sus contrincantes dentro del Partido Republicano no están dispuestos a reconocer esa victoria en el Estado de Wisconsin, y sus contrincantes controlan ese Estado, desde el cargo de Gobernador para abajo... No tiene, ni mucho menos, esta batalla electoral de las Primarias, Donald J. Trump, perdida, y no es la primera vez que sus contrincantes emplean el juego sucio para ganarle, pero sin duda que las cosas se le ponen un poco más complicadas... a él y al PUEBLO DE ESTADOS UNIDOS. Porque de la suerte de la candidatura de Donald J. Trump, mucho más que de la de Bernie Sanders, por ejemplo, depende la Suerte del PUEBLO DE ESTADOS UNIDOS. 

Independientemente de lo que pase de aquí al final de las Primarias Republicanas, Donald J. Trump ha obtenido un respaldo popular sin precedentes en unas elecciones primarias del Partido Republicano, un respaldo que le coloca, sin duda, como el candidato preferido por un amplísimo segmento del pueblo de Estados Unidos, que va desde los Republicanos a los Demócratas, de los politizados a los despolitizados, de los ricos a los pobres, de los blancos a los negros, de los creyentes a los no-creyentes... Todo el mundo se siente identificado con Donald Trump, ya sea para amarlo o para odiarlo. De forma que el "establishment" no puede hacer nada para mitigar esa ola de calor y simpatía que desata Donald J. Trump, por más que recurra a los trucos y manipulaciones de la política partidista (de la política de aparato). Donald Trump ya ha ganado la simpatía de muchos estadounidenses y seguirá ganando la simpatía de muchos más...



El Show de Alex John: Soros y la CIA detrás de los "papeles de Panamá"

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Foro de Relaciones Internacionales (Anti-Zionism): https://www.facebook.com/groups/301202956654207/