miércoles, 24 de agosto de 2016

Golpe al golpe: el fracaso calculado del golpe de Estado en Turquía


Manlio Dinucci, periodista de Il Manifesto y colaborador habitual de la Red Voltaire, sugiere que el golpe de Estado en Turquía fue teledirigido por la CIA para remover el poder del presidente turco Erdogan (sin terminar de derribarlo) y obligar a cambiar toda la concepción estratégica del Estado turco en Oriente Medio. En un sentido parecido se pronuncia el fundador de Red Voltaire, Thierry Meyssan, desde la misma web (1). En tal caso, nos encontraríamos ante un golpe similar al 23-F español de 1981, sólo que esta vez no se dirige en la sombra desde un palacio regio sino desde los servicios de inteligencia de Estados Unidos instalados en las bases militares de la OTAN en Turquía (2) (3).


Erdogan huyendo hacia Europa en busca de un gobierno dispuesto a concederle el asilo político, golpistas que dicen haber tomado el poder porque controlan la televisión y los puentes sobre del Bósforo, Washington y las capitales europeas –así como la OTAN– sorprendidos por lo inesperado del golpe de Estado. Esas eran las primeras «noticias» que llegaban de Turquía, noticias totalmente falsas. Salta a la vista, en primer lugar, que, hasta en el aspecto más trágico de todo –los cientos de muertos y los miles de arrestos–, lo sucedido en Turquía tiene todo el aspecto de una farsa, más que de un golpe de Estado.

Los golpistas no tratan de detener a Erdogan, quien, oficialmente, estaba de vacaciones al borde del Mar Egeo. Incluso lo dejan en plena libertad de movimiento. Ocupan simbólicamente la televisión estatal, pero no tratan de interrumpir los transmisores privados progubernamentales ni internet, permitiendo así a Erdogan utilizar esos medios de comunicación para lanzar su «llamamiento al pueblo». Bombardean simbólicamente el parlamento de Ankara, donde no había nadie. Cierran los puentes sobre el Bósforo, pero no durante la madrugada sino al caer la noche, en el momento de más circulación –o sea, como para que todo el mundo se entere– metiéndose así en una situación complicada. Pero no ocupan las principales arterias de la ciudad, dejando así el campo libre a las fuerzas gubernamentales.

A pesar de estar destinada al fracaso, el “golpe” exigió la preparación y movilización de miles de hombres, así como de vehículos blindados y aviones. Es imposible que la OTAN no estuviese al tanto de lo que estaba preparándose. En Turquía existe una red de importantes bases de la OTAN, bajo el mando estadounidense, y cada una de esas bases dispone de su propio aparato de inteligencia. En la gigantesca base de Incirlik, desde donde operan la aviación de Estados Unidos y la aviación de los aliados de Washington, hay almacenadas al menos 50 bombas atómicas estadounidenses B-61, que serán reemplazadas por las nuevas B-61-12. En Esmirna (Izmir) se encuentra el LandCom, o sea el mando a cargo de la preparación y coordinación de todas las fuerzas terrestres de la OTAN, bajo las órdenes del general estadounidense Darryl Williams, ex comandante de las fuerzas estadounidenses en África, cuyo cuartel general se encuentra en Italia. A fines de junio, el nuevo Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa, el general estadounidense Curtis Scaparrotti, visitó la sede del LandCom.

Además de los mandos y bases oficialmente conocidos, Estados Unidos y la OTAN tienen en Turquía una red “encubierta” de mandos y bases conformada en función de la guerra desatada contra Siria y de otras operaciones. Como quedó documentado en una investigación publicada en el New York Times, un flujo incesante de armamento comprado con miles de millones de dólares provenientes de Arabia Saudita y de otras monarquías del Golfo ha estado llegando, desde 2012 y en el marco de una red internacional organizada por la CIA, a la base turca de Esenboga, armamento posteriormente enviado –a través de las fronteras turcas– a los «rebeldes» que operan en Siria, así como a los yihadistas del Emirato Islámico (Daesh).

Y gracias al uso de pasaportes falsos –especialidad de la CIA–, miles de combatientes islamistas han estado llegando a las provincias turcas de Adana y Hatay, en la frontera con Siria, provincias turcas donde la CIA abrió centros de entrenamiento militar.

Es por lo tanto falsa la “noticia” que corrió estos días de que Washington no aprecia un aliado como Erdogan porque este aliado apoya al Emirato Islámico por debajo de la mesa. No hay aún elementos concretos que entender si existe, y en qué grado, alguna fisura en las relaciones entre Ankara y Washington y, sobre todo, cuáles serían los motivos reales de dicha grieta.

Con su acusación contra Fetullah Gulen –quien reside en Estados Unidos desde 1999 y fue aliado de Erdogan hasta 2013–, y al reclamar la extradición de ese personaje, el presidente turco trata de crear una situación que le permita obtener de Estados Unidos y de sus aliados europeos mayores compensaciones por el «papel importantísimo» –así lo calificó Stoltenberg el pasado 16 de julio– de Turquía en el seno de la OTAN.

Entretanto Erdogan va liquidando a sus opositores mientras que la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, afirma que si recurre a la pena de muerte, Turquía no podrá ser miembro de la UE, por ser esta firmante de la Convención de Derechos Humanos.

Artículo de Manlio Dinucci: La OTAN y el <<golpe>> turco


(1) El artículo en cuestión de Thierry Meyssan es largo y trata varias cuestiones relacionadas con el cambio de la "doctrina estratégica" turca a raíz del fallido golpe, pero dos aspectos que toca llaman la atención, entre todas sus consideraciones: la primera es que, efectivamente, los militares sublevados, al parecer, pudieron eliminar al presidente Erdogan, según las informaciones que aparecieron publicadas en los medios de comunicación, y no lo hicieron; la segunda es que los militares que dan el golpe son "kemalistas", no pertenecientes a ninguna facción islamista, como luego se les acusó desde el gobierno turco, por lo tanto defienden determinada doctrina político-militar, nacionalista secular y no islamista, apegada a la Constitución republicana turca, frente al régimen islamista que promueve Erdogan. El artículo de Thierry Meyssan se titula "La nueva doctrina turca": http://www.voltairenet.org/article192978.html

(2) La idea de que la CIA pudo cocinar el golpe militar --y el contra-golpe de Erdogan-- en Turquía es sugerente y nada desdeñable. El golpe hasta cierto punto se desbarató desde el comienzo por la precipitación con el que se dió (los militares sublevados tenían pensado inciarlo en la madrugada del sábado 16 de julio, sin embargo por una "fuga de información" o la puesta en sobreaviso del espionaje de Erdogan tuvieron que adelantarlo perdiendo el factor sorpresa y la nocturnidad con la que pensaban realizarlo). Pero los militares tenían razones de diferente índole para realizarlo, desde la política interior de Erdogan hasta el terrorismo de Estado contra la población kurda, pasando por la injerencia en Siria, la relación con Occidente o la propia situación laboral de los militares promovida por el gobierno. Sería posible, entonces, que la CIA apoyara a los dos bandos enfrentados (al gobierno y a los militares) y no le pasarán por alto los preparativos de estos últimos de cara a un golpe de Estado (más si cabe, si estos se realizaban delante de sus narices) pero, en todo caso, si así obraba es porque no quería perder su capacidad para mediar en los enfrentamientos en la cúspide del Estado turco e imponerse en aras a preservar los intereses occidentales en la Península de Anatolia, de la misma forma que el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en España afianzó el predominio de Estados Unidos sobre la incipiente democracia de 1978 (al respecto se puede leer el capítulo "El posfranquismo y la guerra fría" del libro Soberanos e intervenidos de Joan Garcés).

(3) La "operación Valkiria" en Alemania, un año antes de que acabara la II Guerra Mundial, guarda muchos paralelismos con el golpe militar fallido en Turquía. También en aquel golpe era clave la respuesta de las potencias extranjeras al mismo, particularmente de los occidentales, aquel golpe también contó con la simpatía y/o respaldo de una parte de la población descontenta o crítica con la política autoritaria/totalitaria oficial hacia las minorías, en relación con otros países, etc. También aquel golpe fue elaborado con mucho tiempo de antelación, contando con anteriores intentonas fallidas como este, y se puso en marcha buscando aprovechar el factor "sorpresa" y siguió adelante a pesar de que no se contaban con garantías suficientes de su éxito. 
 

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