jueves, 20 de julio de 2017

El régimen criminal de Maduro

La Asamblea Constituyente convocada en Venezuela, para la que están previstas elecciones este mes (organizadas y supervisadas por el Poder Electoral venezolano, a diferencia de las recientes elecciones realizadas por la oposición/parlamento de Venezuela, a pesar de que el presidente omnipotenciario Maduro dijo que las iba a "tolerar"; como si la democracia necesitara de "tuteladores", es decir dictadores, o al pueblo se le pudiera comprar con regalos, una práctica demasiado extendida en Venezuela y otros países), esta Asamblea Constituyente del madurismo se basa en una muy discutible interpretación de la Constitución de Venezuela y no cuenta, como decimos, con el respaldo de la mayoría de la población (obviamente, como el madurismo tiene en su poder de manera golpista y fraudulenta todos los poderes del Estado, podrá manipular e instrumentalizar para hacer creer lo que quiera, pero, como decía un eximio comunista, "los hechos son tozudos", y la verdad es la verdad la diga Agamenon y su porquero, un atributo de la verdad que debe servir a los débiles para defenderse de las injusticias), por extensión, el madurismo tampoco cuenta con el apoyo de la mayoría de los partidos políticos, de las "fuerzas vivas" de la sociedad, como se decía antes, agentes sociales, etc., es así de claro y esta verdad podrán intentarla camuflar y disfrazar desde el régimen madurista, desde el Palacio de gobierno de Miraflores, sus capitidisminuidos aliados políticos como quieran, pero al final acabará saliendo a la luz.

Es la pretensión de un partido en el gobierno (muy mermado, por más que maneje la chequera y el amedrentamiento) y de sus apoyos sociales e institucionales de mantenerse en el poder a cualquier precio, y para ello recurren a todo tipo de tropelías y fraudes, financieros, judiciales, policiales, para-militares, de todo tipo.

En los últimos diez o veinte años de política internacional es difícil pensar en un gobierno en el mundo que lo haya hecho tan mal y durante tanto tiempo. Modestamente, sólo se me ocurren países de la misma zona geopolítica (América Latina) que Venezuela, México y Brasil; Perú, Honduras y Paraguay también serían casos agudos de crisis política, pero de alguna forma allí sus coyunturas encontraron una salida airosa, no son países que no sufran periódicos terremotos políticos (ahora el matrimonio ex-presidencial de los Humala en Perú se enfrenta a acusaciones de corrupción; Honduras se está hundiendo en el tráfico de drogas que envuelve a toda América Latina; y en Paraguay la violencia política tampoco ha cesado como se pudo apreciar el pasado 1 de abril). México y Brasil son, en cambio, casos singulares, en mi opinión, que no se pueden poner al mismo nivel que Venezuela. Es verdad que en México la élite política (sus dirigentes políticos) está tan corrompida como la de Venezuela (con muy destacables excepciones: vean sino el reguero de asesinatos de políticos, mayormente alcaldes, que no se pliegan a las demandas de los jefes de la droga); pero a pesar de ser México un país tocado por la corrupción a diferentes niveles, a pesar de tener una élite política (y la destaco por encima de cualquier otra dirigencia) corrompida, es un país que "milagrosamente" logra sostenerse medianamente saludable a otros niveles de responsabilidad (ya he mencionado a los alcaldes), académicos, empresarios que soslayan como pueden las redes de corrupción, partidos o fracciones políticas que no le hacen el juego a los del otro bando corrompido (y que pueden llegar a dirigir ayuntamientos, gobernaciones y Estados), el propio ejército que parece que es más resistente a dejarse comprar por el narcotráfico (y encabeza la lucha contra el mismo). En fin, que en México, con todo lo que podamos criticar, que es mucho, la situación social, política y humanitaria no llega a ser tan desesperada y alarmante como en Venezuela. Y en cuanto a Brasil, con toda claridad y con toda honestidad, es un país que lentamente se va recomponiendo, sufre una polarización social y política, pero las instituciones se mantienen medianamente a salvo de ella, no se ve en las calles ajustes de cuentas o la instrumentalización revanchista de las instituciones; el país tiene sus propios problemas internos de desarrollo, justicia social y crecimiento, pero los va resolviendo por sí mismo, como hacen todos los países del mundo.

Entonces, qué pasa en Venezuela. Que se ha llegado a tal extremo de polarización social y política, de instrumentalización revanchista de las instituciones, de crisis económica y humanitaria, que la situación del régimen del chavismo y del madurismo, su posición en el mundo, ya es simplemente insostenible, más allá de los acuerdos internacionales políticos y económicos a los que haya llegado.

Venezuela no es el único país que ha pasado por una situación así, históricamente, en la edad contemporánea, tanto en la historia reciente como pasada; incluso Venezuela ha pasado en su historia por situaciones parecidas (y la forma en que se resolvieron no fue precisamente de buen augurio para el gobierno de Maduro).

Algo muy parecido a lo que le pasa ahora al gobierno de Maduro fue lo que pasó el de Bashar al-Assad en Siria entre 2011 y 2012. Pero la resolución de la crisis en Siria no fue nada parecida a la de Venezuela. Sin considerarme "assadista", al-Assad impulsó una serie de cambios políticos y legales que se parecen muy poco a los impulsados por Maduro. Para empezar al-Assad organizó una gran coalición contra la agresión extranjera de Al Qaeda (como brazo terrorista), Turquía y Arabia Saudí, al-Assad levantó (abrogó) una legislación que se consideraba de "estado de excepción", y reunió en torno suyo a políticos e intelectuales que le habían criticado, dándoles incluso responsabilidades gubernamentales. En la cuestión siria estaba claro cual era el enemigo y a que nos enfrentábamos.

Maduro lleva más de un año gobernando en "estado de excepción", que le da pie para que él y sus fuerzas represivas hagan lo que quieran. Ha enemistado a muchos antiguos amigos, ha engordado las filas del chavismo "crítico" o disidente. Ha llevado a la población civil a un enfrentamiento que no tiene parangón en la historia de Venezuela, ni siquiera en un país como Venezuela con su particular historia de guerras civiles, ha eliminado cualquier tipo de control democrático sobre su gobierno y se ha arrogado prácticamente todo el poder institucional del país (lo que ahora justificaría la nueva Constitución que se aprobara); ha convertido al país en un gran tinglado económica donde se compran y venden voluntades, se maneja el precio del dinero según la voluntad del gobierno, se ha reducido la producción del país a niveles casi irrisorios, por eso nadie se cree lo de los "motores de la producción", ha vendido el país, en una palabra, y ahora, quienes se lo han comprado, que son China, Rusia, Cuba, Irán, y también EE. UU. (que tiene a empresas metidas en el "motor minero" y es de los pocos países que le compra petróleo), ya no son suficientes para seguir manteniendo su régimen, ni económicamente ni ideológicamente son suficientes para mantener el emporio del poder chavista; y no será porque no se desvela en comprar voluntades en medio mundo, especialmente en América Latina (de ahí que busque refugio diplomático en el grupo de países del Caribe), pero no es suficiente.

Todo se arreglaría rebajando la represión, encarando un franco diálogo de reconciliación nacional; en cambio, el régimen optó por lo que su "loquero" (Jorge Rodríguez) llamó la terapia de electrochoque (que me dicen de la comparación: terapia de electrochoque, terapia de choque, ¿no suena a lo que pasó en Europa del Este cuando se acabó todo? Cuántos intereses oscuros estarán por aquí danzando). Y la terapia de electrochoque o de choque le va a salir por los dos ojos de la cara al país. Si el gobierno de Maduro hubiera de verdad ido al diálogo, ido a las elecciones, respetando los calendarios legales, pero yendo de verdad a elecciones, con transparencia y claridad, todo el sufrimiento que está pasando Venezuela se podía haber evitado, al menos ahora se estarían poniendo las bases para revertir la situación. Pero no, Maduro, su propagada, sus televisiones, los grupos de poder que campan alrededor de su gobierno quisieron otra cosa, y van a hacer que esta lección no se les olvide a los venezolanos en mucho tiempo.

Como decía antes, en el caso de Siria teníamos claro cual era el enfrentamiento (no digo nada de Libia porque creo que estaba clarísimo, excepto para los chavistas que apoyaban y siguen apoyando al gobierno de Venezuela como Santiago Alba Rico, Atilio Borón o Ernesto Laclau); en el caso de Ucrania también, a pesar de todo lo que podamos decir de los tejemanes del ex-presidente Yanukovich (de los que se podía decir muchas cosas), estaba claro que se quería hacer pasar por el aro de la Unión Europea, aprovechando unas protestas legítimas, pasando por encima de carros y carretas, provocando por extensión un conflicto social, político y cultural entre el Este y el Oeste del país, y llevando al poder a grupos discreta o abiertamente fascistas (como Svoboda o Sector Derecho). Pero, aquí, en Venezuela, ¿dónde está el conflicto?, ¿entre ricos y pobres? Si el gobierno ha conseguido empobrecer a todo el mundo. ¿Entre élites y masas? Si el gobierno se ha convertido en la principal élite acaparadora y monopolista del país. ¿Entre religiones, entre orígenes sociales? ¿Acaso vemos a los habitantes de los famosos "ranchos" (chabolas) contra los que viven en urbanizaciones de lujo? No, vemos a todo el mundo, pero especialmente a vecinos de barrios populares, ir a enfrentarse al centro de la ciudad con la policía, encararse a los chavistas enriquecidos de forma injustificada, y les vemos hacer frente a los famosos "colectivos" que pueden proceder de barrios populares o no, que actúan de consuno acuerdo con la guardia bolivariana de forma indiscriminada.

En Venezuela no hay divisiones mayores, importantes, por motivos culturales, sociales, políticos, más allá de que unos y otros hayan tenido mejor o peor suerte, hayan adquirido un patrimonio por su trabajo o herencia. El chavismo hizo una gran labor en la redistribución de la riqueza y la justicia social, de acuerdo, pero también generó una clientela que se comió el patrimonio, oportunistas que se dedicaron a vivir del cuento y, en definitiva, corrupción, y todo eso había que corregirlo cuando no combatirlo. Es verdad que Chávez era muy grande, y era capaz de manejar todas esas contradicciones, con sus más y sus menos, pero era capaz de manejarlas; pero Maduro no se ha dedicado a manejarlas, se ha dedicado a aplazarlas, cuando no a dejar que camparan a sus anchas y crecieran.

La convocatoria de la Asamblea Constituyente no ofrece ninguna solución realista y viable a todos los problemas que atraviesa Venezuela, más bien es la constatación de que el gobierno de Maduro es incapaz de atajarlos, corregirlos y remediarlos.

¿De manera que, Maduro para cuando se va? ¿Va a esperar a poner a un sustituto o una sustituta como ha puesto a los jueces express del Tribunal Supremo, como ha convocado una Asamblea Constituyente a la medida de sus intereses, como ha desautorizado y repudiado a la fiscal general, como pretende realizar unas elecciones absolutamente fraudulentas para alcaldes y gobernadores después de que salga adelante su engendro Constituyente?

La situación política de Maduro y su gobierno es absolutamente inviable, y de quienes intenten sucederle en esa situación también.




Por la memoria, la dignidad y el honor de todos los venezolanos que han dado su vida en las calles para tener un país mejor libre completamente de la tiranía y de los sueños dictatoriales de nadie.

domingo, 25 de junio de 2017

Carlos Carcione (Marea Socialista): "En la crisis, la vieja izquierda muestra sus miserias"

Carlos Carcione es periodista, investigador y coordinador del Equipo de Investigación de Marea Socialista. Cómo militante internacionalista reside desde hace  una década en Venezuela acompañando la experiencia del Proceso Bolivariano. Es integrante del equipo de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución y miembro de la Plataforma por la Auditoria Pública y Ciudadana que lucha contra el Desfalco a la Nación. Columnista en varios medios digitales entre los que destacan Aporrea.org, Rebelion.org, Questiondigial.com, MST.org.ar, Portal de la Izquierda. Integra en la actualidad los equipos de investigación del recientemente creado, Centro de Estudios de la Realidad Latinoamericana (CER/Latinoamericana).
A raíz de la complicada e incierta situación venezolana se ha abierto un debate en lo que genéricamente podríamos denominar el movimiento de la  izquierda latinoamericana e internacional. A medida que la situación del país se vuelve más crítica, parecerían actuar como referencia dos sectores más o menos claros. Uno defendiendo al gobierno de Nicolás Maduro y otro cuestionándolo.  ¿Cómo ve usted esta polémica?
Lo que se expresa así a nivel periodístico es para mí la simplificación interesada de una polémica de fondo. Quiero aclarar que la nuestra es una mirada desde una ubicación como parte del Proceso Bolivariano y no sólo frente al gobierno de Nicolás Maduro. Gobierno que un querido amigo, Santiago Arconada, bautizó acertadamente como el “Gobierno Maduro, Diosdado, Padrino”[1]. Porque, desde mi punto de vista, lo que está en juego en ese debate es la posición de cara al contenido de las políticas del Gobierno/PSUV; su orientación, a qué sectores sociales expresa, a qué intereses representa y cuáles consecuencias le provocan al país y a la población, y no solo sobre las figuras del gobierno o los discursos, o a la apelación abusiva, excluyente, a la disputa geopolítica.
Hablando desde lo que se llama genéricamente “izquierda”, si analizamos estos elementos, teniendo en cuenta lo que señalaba antes y a la luz de la propuesta de Constituyente de Maduro,  vemos que hay dos sectores que, en Venezuela, se podrían referenciar hoy, grosso modo, por un lado en las cúpulas del PSUV-Gobierno-Polo Patriótico, y por otro un conjunto de plataformas de lucha social y política de carácter amplio y plural como la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución,  la que lucha contra el Arco Minero del Orinoco, nacientes reagrupamientos de sectores sindicales y de lucha de las comunidades, la Plataforma por la Auditoria Pública y Ciudadana, Marea Socialista como organización política y partidos del Proceso ubicados recientemente en este espacio como UPP-89, además de destacadas personalidades. Las corrientes de esa izquierda que describo, defienden propuestas opuestas para enfrentar el colapso actual del modelo rentista petrolero venezolano[2]. Si entendemos esto, si comprendemos cuáles son las diferencias y que ellas son radicales, se hace más transparente la polémica. Queda más claro qué es lo que estamos defendiendo unos y otros.
Esta ubicación desde el proceso tiene una importancia adicional,  porque, por ejemplo,  Marea Socialista que  en el último periodo ha salido del PSUV y más tarde se ha definido primero por no sentirse representada ni por el PSUV ni por la MUD y luego como oposición de izquierda al gobierno de Maduro[3], no reniega de su pertenencia al Proceso Bolivariano, como tampoco lo hacen un grupo de ex ministros de Chávez[4], o el heterogéneo movimiento denominado por los medios como “chavismo crítico”. Por el contrario: las críticas, las advertencias, las propuestas y políticas que se vienen desarrollando tanto desde Marea como desde estos otros espacios, se hacen a partir de la defensa consciente, es decir critica, de los logros y/o conquistas económicas, sociales y políticas del Proceso, entre ellos la Constitución del ’99, logros que están siendo atacados ferozmente por el gobierno.
Mientras que el sector que nombramos anteriormente y quienes los acompañan desde el exterior, con el apoyo incondicional y automático al presidente, al no cuestionar las políticas que el gobierno está llevando adelante ni a la propia Constituyente, expresan tácitamente a veces y explícitamente otras, la aprobación de esas políticas.
Podría aclarar cuáles son esas diferencias que señala que existen entre esos dos sectores de la izquierda en Venezuela e internacionalmente
En términos esquemáticos esas diferencias giran alrededor del brutal crak económico que estamos viviendo, del pronunciado retroceso con fuertísimos rasgos autoritarios del sistema político que se pretenden consolidar y profundizar con la Constituyente y de las contrarreformas tremendamente regresivas en las políticas sociales. Trataré de sintetizar, brevemente, a que me refiero:
En lo económico se pueden ver dos periodos claros del gobierno de Nicolás Maduro. Un primer momento de ajuste macroeconómico gradual que fracasa estrepitosamente. Este momento lo podemos ubicar en el tiempo entre la devaluación de febrero de 2013, un mes antes de la muerte de Chávez y el segundo semestre de 2014 donde se sanciona un primer paquete de Leyes Habilitantes, es un intento de ajustar el gasto fiscal y la inversión social en las Misiones a la baja; la reducción de importaciones; y una reducción del nivel salarial real vía el estímulo de proceso inflacionario.  Esta política que tiene una clara tendencia regresiva, de contrarreformas económicas, porque el ajuste se carga fundamentalmente sobre los ingresos y la posibilidad de acceso a bienes básicos de las familias trabajadoras y de los sectores más desposeídos, fracasa.
Y fracasa entre otras razones porque no sólo no ataca, sino que profundiza, el patrón mafioso de acumulación rentista[5], que se asienta en la Fuga delictiva de capitales a partir de dos mecanismos financieros fraudulentos: las maniobras ilegales con la asignación de los dólares petroleros para las importaciones, para las grandes obras o grandes contratos o convenios internacionales y en segundo lugar por el manejo especulativo, ilegítimo, de la deuda soberana de la nación y de la deuda de PDVSA, incluso de la deuda interna que según se ha demostrado es una deuda externalizable. Los mecanismos de este endeudamiento, que lleva, según un estudio en profundidad de Oly Millán Campos y Paulino Núñez[6] con los que comparto en la Plataforma por la Auditoria Pública y Ciudadana, a niveles que estarían en el orden del 80% del PIB. Estos mecanismos convierten a esa deuda, como bien insiste Paulino toda vez que puede, en una deuda además de ilegitima, odiosa.
A pesar de todas las advertencias sobre esto, de las investigaciones presentadas, de las exigencias realizadas, el gobierno paga puntualmente cada vencimiento, reduciendo importaciones lo que está provocando la aguda situación de escases en alimentos y medicamentos que nos tiene al borde de la crisis humanitaria. Y comprometiendo seriamente el patrimonio de la nación.[7]
Al contrario de aceptar la propuesta que hemos venido realizando de Auditoria Pública y Ciudadana para que Maduro emule la actitud de Correa con la deuda Ecuatoriana, se obstina en pagar sin ningún tipo de investigación ni auditoria independiente, y ya lleva dilapidados de esta manera 60.000 millones de dólares en tres años. Y no nos cansaremos de insistir que está pagando esta deuda al costo del hambre, literalmente hablando, del pueblo venezolano, porque lo que se destina para el cumplimiento con la Deuda se elimina de las importaciones esenciales.
El segundo periodo que señalamos se inicia a finales del 2014 con la sanción de una nueva Habilitante que le permite gobernar al presidente por decreto. Estas leyes habilitan la creación de Zonas Económicas Especiales donde no rige la legislación venezolana. Y toma fuerte  impulso a partir de la caída de los precios del petróleo. Y sobre todo, desde principios de 2016 con  los llamados 15 motores de la economía productiva, presentados como un plan de superación del rentismo petrolero, cuando lo que en realidad hacen es ampliar de manera colosal la frontera extractivista y la primarización de la economía del país. Desde el Motor Minero con el Arco Minero del Orinoco, el Motor Energético con la apertura total de la Faja petrolífera,  pasando por el motor Forestal y hasta el Motor Turístico, están transversalizados por una política de apertura feroz al capital transnacional.
Sobre nada de esto se pronuncia la vieja izquierda que apoya incondicionalmente a Nicolás Maduro. Ni explican por qué razón sería necesario este plan, ni si es conveniente, ni tampoco se les ha oído ni leído ningún cuestionamiento sobre el mismo ni hacer propuestas alternativas. En este terreno hacen silencio, un silencio cómplice, es como si esto no existiera, como si la realidad se hubiera quedado congelada en el año 2012. Sobre lo único que hablan es sobre el chantaje, la extorción y la guerra económica del imperialismo, que nosotros no desconocemos, pero que no tendría ni la décima parte del impacto actual, si no se apoyara en esta política de entrega y en el patrón mafiosos de acumulación de capital que existiendo desde mucho antes, el gobierno de Maduro organizó y disparó exponencialmente hasta llegar a los niveles de saqueo actual del país.
Como escribe Oly Millán en su artículo, “Es la Economía Estúpido…”[8] La Constituyente tiene entre otros objetivos darle sustento jurídico a ese modelo.
Cuáles son según usted las contrarreformas en las políticas sociales.
En lo que hace a las políticas sociales esta izquierda en solidaridad automática con el gobierno, continúa utilizando las estadísticas de 2012-2013, las últimas publicadas de manera completa, y lo hace de forma global. Esas estadísticas hablan de un país que ya no existe. Se aferran a esos números  porque, de reconocer  la realidad actual, gran parte de su argumentación se desvanecería.
Lo que en realidad sucede es que: donde había mercados populares como Mercal o PDVDAL en los que gran parte de la población podía acceder a alimentos de relativamente buena calidad a precios subsidiados, hoy apenas existe un sistema de distribución estatal puerta a puerta, los CLAP,  que aún no ha logrado regularizar la atención de un número muy bajo de familias, que apenas pueden acceder a esas cajas o bolsas cada mes y medio.
Donde había un sistema nacional de atención médica primaria, elogiado por todos, los Barrio Adentro, en los que se realizaba el diagnostico, se hacían estudios elementales y hasta de cierta complejidad y se entregaban medicamentos gratuitos de ser necesarios, hoy hay tierra arrasada, con equipos inoperantes, sin medicamentos, sin posibilidad de hacer los más elementales estudios básicos, con una infraestructura que sin mantenimiento está en situación decadente. Y, donde el personal profesional se ha reducido de manera dramática.
Donde había casas de alimentación en las zonas más vulnerables, organizadas para que los que lo necesitaran comieran sin costo, sostenidas por el trabajo voluntario y solidario de amas de casa de los barrios. Hace ya larguísimos meses sino años, que no llegan los suministros para cocinar, lo que provoca un fenómeno desconocido en la Venezuela Bolivariana: que haya cada vez más ciudadanos comiendo de la basura.  Al igual que otra larga lista de políticas sociales exitosas durante años, que hoy están desaparecidas.
Lo mismo sucede con toda la legislación progresiva, como por ejemplo  la Ley Orgánica del Trabajo. Quedan en el papel, que aguanta todo, pero no se aplican. Y no hablemos del salario que de ser unos de los primeros en América latina  cayó a niveles de Haití. Mientras el gran capital local y extranjero recibe beneficios insultantes de todo tipo.
Frente a esto, esa izquierda prefiere no ver la realidad, mira para otro lado y repite las viejas estadísticas, los viejos logros y conquistas, hace mucho tiempo desmentidas por los kilogramos perdidos por lo que los venezolanos bautizaron la “Dieta de Maduro”. Por el maltrato, por la persecución a los sectores más oprimidos y por el ocultamiento criminal de toda la información oficial, hoy no se conoce ni siquiera cuál es el Presupuesto de la Nación, que se ha convertido en un secreto guardado bajo 7 llaves.
Qué es lo que usted llama la fuerte tendencia autoritaria en el sistema político.
Hace aproximadamente dos años, se viene desarrollando por parte del gobierno, diría que como política de Estado, un proceso de desmantelamiento de los derechos y garantías establecidos en la Constitución del ’99. Supresión de derechos políticos y sociales, eliminación en gran parte del territorio nacional de derechos económicos y eliminación de soberanía. Suspensión, obstaculización y eliminación de elecciones sindicales, estudiantiles, de instituciones autónomas como las universidades  y de cargos políticos como las regionales a gobernadores, eliminación de hecho del derecho al Revocatorio. Cómo señala Edgardo Lander en una reciente entrevista, Creo que después de las elecciones parlamentarias del 2015 el gobierno parece asumir que su continuidad en el ejercicio del poder no es posible ni apelando a la votación popular ni respetando la Constitución.”[9]
Aquí no voy a describir el crecimiento, también exponencial de la violencia policial del Estado por fuera de la protestas, en relación, por ejemplo, a la política de las OLP[10], operaciones de limpieza y exterminio de la denominada por la prensa, “hampa común”, contra todo norma legal y humana.
Esta tendencia que viene de antes, y que tiene un hito importante con las fracasadas resoluciones 155 y 156 del TSJ[11] de finales de marzo, resoluciones que configuraron un mini autogolpe, pero que tuvieron que ser “revisadas” por el rechazo nacional e internacional que provocaron[12]. Esta tendencia se ha acelerado desde el momento que comenzaron las protestas en abril de 2017. Hay dos trabajos recientes que describen y evalúan correctamente la situación en la que ya se han producido 60 muertes en el marco de las manifestaciones[13]. Pero quizás el símbolo más contundente de la profundización de esta tendencia es la actuación, contra todo principio legal, de Tribunales Militares para el juzgamiento sumario de civiles, y la utilización de predios militares para la detención de esos civiles condenados por los tribunales militares. La Constituyente está diseñada, según los objetivos que le asignan todos los voceros oficiales, para consolidar esta tendencia autoritaria.
Vamos a insistir en este punto en que es evidente que existen desde el lado de la MUD sectores  que aprovechan el clima de protestas para desarrollar acciones foquistas. Estos grupos que no hay duda son financiados y alguno de ellos entrenados por Estados Unidos o el Uribismo, no buscan una salida democrática ni electoral a la crisis sino la liquidación del chavismo[14].  Pero esto, que repudiamos, de ninguna manera puede justificar la eliminación de facto del derecho a la protesta y de otros derechos humanos elementales, ni mucho menos, la represión desproporcionada e indiscriminada a las protestas por parte del Estado.
En este caso ocurre lo mismo que en los anteriores. Esa izquierda que responde con mecanismos de alineamiento automático con el gobierno de Maduro, carga las tintas en el papel “terrorista” de las acciones foquistas y libera de responsabilidad al Estado por cómo está manejando las protestas y la represión. Llegando al caso extremo de Atilio Borón quien aconseja al presidente Maduro en un reciente artículo que “aplaste”[15] a unos no identificados “terroristas”. Este “aplaste” es un término que en el contexto del articulo puede leerse como “extermine”.
Por eso, donde esa vieja izquierda exige cerrar filas incondicionalmente con una supuesta “dirección revolucionaria” frente a las amenazas imperialistas. Nosotros exigimos la aplicación de políticas claras de ruptura con la dominación del capital financiero, empezando por la suspensión de los pagos de la Deuda. Y denunciamos todas aquellas políticas que consolidan la dependencia con el sistema del capital, depredan el ambiente, eliminan la soberanía, desmontan las conquistas sociales, económicas y políticas del Proceso, consolidan el rumbo de capitulación del gobierno al imperialismo y abren las puertas a una injerencia o intervención extranjera todavía superior. Cuatro años después de iniciado este periodo ya no se puede hablar de errores, por el contrario, para nosotros el gobierno Maduro, Cabello, Padrino, desarrolla una política planificada, con la esperanza de enamorar a esos sectores concentrados del gran capital.
Por eso mismo, porque a diferencia de la confusión que instalan los sectores de izquierda que apoyan incondicionalmente a Maduro, o que tibiamente le reclaman un parcial y limitado cambio de política, a nosotros no nos despierta confianza esa cúpula del PSUV/Gobierno, y por eso es que estamos empeñados en la construcción de una nueva referencia o alternativa política anticapitalista, ecologista, feminista, que recupere las claves democráticas, antiimperialistas y bolivarianas del Proceso, para luchar por profundizarlas.
Pero ¿La Constituyente no sería un canal de salida a la crisis? ¿No podría detener la escalada de violencia y abrir una ruta de dialogo para establecer reglas de juego que todos acepten?
Antes de contestar su pregunta es necesario establecer una caracterización del momento actual. Y por qué, desde mi punto de vista, la resolución de la crisis solo puede ser favorable al país y al pueblo que vive de su trabajo, con más democracia y no con más autoritarismo. Y más democracia quiere decir en este momento, recuperar la vigencia de la Constitución del `99.
Hoy nos estamos moviendo entre la propuesta de Constituyente fraudulenta de Maduro, la guerra civil/aplastamiento que propone Borón, sabiendo que estas dos opciones buscan el establecimiento de un sistema autoritario para poder consolidar el modelo de entrega que le vengo señalando,  o por el contrario la recuperación de la vigencia de la Constitución del ’99, la realización de las elecciones regionales, y municipales y un claro cronograma para la elección presidencial. Esto con plenas garantías de participación política para todas las expresiones del pensamiento político nacional, sin exclusiones ni proscripciones.
Creo también importante hacer otra definición: La caracterización de la actual confrontación entre las cúpulas, a diferencia del 2002/2003, y en contra de lo que sostienen la cúpula del Gobierno y repiten y adornan con ríos de tinta, los  intelectuales que lo respaldan a nivel internacional, no es una pelea entre los sectores populares contra los oligárquicos. Por el contrario, es una lucha por definir cuál de las cúpulas se garantiza, en el próximo periodo el control del Estado para administrar y distribuir la renta. Son dos sectores de las elites, subordinados al capital financiero internacional, uno tradicional y otro emergente. Y ninguno de los dos sectores es democrático, ambos tienen claro que necesitan un sistema político completamente autoritario para lograr aplicar con éxito la contrarrevolución económica en curso y las contrarreformas a los logros políticos y sociales alcanzados, que con todas sus deficiencias y limitaciones, se obtuvieron en los mejores años del periodo de Chávez. Porque cómo dice la compañera Oly Millán en el artículo que cito antes: Pero también, esa historia petrolera tiene otra característica muy sui géneris y es que en cada proceso de boom petrolero, se produce un reacomodo de los grupos de poder, es decir unos caen en desgracia, mientras que otros se fortalecen y emergen nuevos.”[16]  Hoy, en la declinación del boom petrolero y en un momento de colapso del modelo, hay una guerra de rapiña entre estos dos sectores de las Elites.
En este Contexto otro objetivo de la Constituyente es: que la cúpula que hoy tiene el control del poder del Estado pero está amenazada de perderlo y con él sus privilegios, como castigo por la política antipopular y antinacional que viene aplicando en los últimos cuatro años, intenta retenerlo por medio de una Constituyente cuya convocatoria es espuria y sus bases comiciales son a todas luces tramposas[17], sin necesidad de revalidar su mandato en ninguna elección universal, en la que, sin dudas, según todos los estudios, saldría derrotada.
En estas condiciones la Constituyente no es un arma de Paz, como se dice desde la cúpula PSUV/Gobierno, por el contrario es el arma con la que se pretende construir un régimen autoritario. Las elecciones regionales ofrecidas para diciembre o el propio referendo aprobatorio que indicó que pediría Maduro para la nueva Constitución, son apenas la máscara con la que maquillar  de falsa amplitud democrática, el engaño. Y al no ser un arma de Paz, el enorme peligro que encierra de realizarse es que termine convirtiéndose, en la palanca con la cual, la actual escalada de violencia polarizada por las cúpulas de la nueva elite que controla el Estado y la antigua elite, que cree, ahora sí, llegado su momento de recuperar ese control, le abran la puerta a una confrontación civil de consecuencia impredecibles.
Sin embargo, la convocatoria ha abierto otra puerta, inesperada por la cúpula del PSUV, por la que se ha empezado a colar con fuerza el rechazo de una parte importante del chavismo. Militantes, diputados y dirigentes medios del partido, funcionarios actuales, ex funcionarios, intelectuales y académicos, y muchas informaciones señalan que hasta una parte sustantiva de las fuerzas armadas,  rechazan con sólidos argumentos la maniobra antidemocrática. Con este sector coincidimos en un punto esencial: el único camino democrático, y que por lo tanto no puede ser secuestrado por las cúpulas que instigan a la violencia, es la lucha por la recuperación de la vigencia de la Constitución del ¨99.  En eso estamos, mientras la vieja izquierda, en su decadencia, con su alineación y disciplina automática con un gobierno que ha roto con el proceso que lo llevó hasta allí, sigue mostrando al mundo todas sus miserias.
[1] Nicolás Maduro, Presidente, Diosdado Cabello, Diputado, Vicepresidente primero del PSUV y cabeza del segundo grupo de poder más importante de este trio y Vladimir Padrino Ministro de Defensa y Jefe de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
[2] Es bueno aclarar que estos dos sectores con todos los matices y diferencias en cada uno de ellos, no son solo nacionales, tienen también expresión a nivel internacional.
[3] Para dejar taxativamente establecido que no tiene nada que ver con la oposición de derecha organizada en la MUD.
[4] Las personalidades más destacadas de este grupo son, entre otros, Héctor Navarro, ex ministro de Educación y de Energía Eléctrica; Oly Millán Campos, ex ministra de Economía Popular, y de Comunas y movimientos sociales; Gustavo Márquez Marín, Ex Ministro de Comercio Internacional y Ex Embajador en Colombia; Ana Elisa Osorio, Ex ministra de Ambiente Y destacadas personalidades como el Mayor General Cliver Alcalá Cordones, los profesores Edgardo Lander, Esteban Emilio Mosonyi y Freddy Gutiérrez Trejo, y luchadores Sociales como Santiago Arconada.
[5] Este patrón que se inicia con la explotación petrolera, cruzó todo el periodo de gobierno del Proceso Bolivariano y no fue desmontado hasta la actualidad.
[6] Situación Actual de la Deuda de Venezuela como expresión de un modelo económico de extracción delictiva de capitales https://www.aporrea.org/economia/a245302.html. Oly Millán Campos, Paulino Núñez.
[7] Últimamente se  ha hipotecado el capital accionario de CITGO, subsidiaria de PDVSA en Estados Unidos, empresa que cuenta con refinerías aptas para el crudo pesado venezolano y una red de 17.000 gasolineras, el 49% como garantía para  un préstamo de un Fondo Buitre y con la petrolera rusa Rosnef, otro 50%. Esta operación se ha realizado para obtener liquidez para pagar deuda. Y el broche de oro, por ahora, es la venta, a precio de gallina flaca, por parte del BCV de Bonos de PDVSA que no estaban en el circuito financiero internacional a Goldman Sachs, banco del que fue directivo el actual Secretario del Tesoro de Trump.
[8] Es la economía estúpido… Lo que está detrás de la Asamblea Constituyente https://www.aporrea.org/economia/a246950.html por Oly Millán Campos.
[9] Edgardo Lander: “La Constituyente nos lleva a un punto sin retorno” https://www.aporrea.org/ddhh/n309163.html
[10] OLP. Operación de liberación del Pueblo. Política policial que consta de ingresas a las zonas más marginadas de las grandes ciudades para detener, allanar, reprimir y hasta asesinar, sin ningún tipo de respeto por las garantías constitucionales y legales mínimas.
[11] TSJ. Tribunal Supremo de Justicia
[12] El hecho más destacado de este rechazo fue la declaración de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, señalando que esas Resoluciones, rompían el hilo constitucional.
[13] Balance hechos violentos: del 6 de abril al 25 de mayo https://www.aporrea.org/actualidad/a247131.html por Keymer Ávila y ¨Represión y violencia ¿Qué está pasando?¨ https://www.aporrea.org/actualidad/n308819.html por Marea Socialista Caracas.
[14] Referimos aquí a la entrevista a Edgardo Lander, más arriba mencionada.
[15] Venezuela sumida en la guerra  civil por Atilio Borón https://www.aporrea.org/tiburon/a246559.html
[16] Es la economía estúpido… Lo que está detrás de la Asamblea Constituyente https://www.aporrea.org/economia/a246950.html por Oly Millán Campos.
[17] Sobre esto se pueden consultar decenas de artículos y entrevistas de militantes, intelectuales y académicos chavistas y/o de izquierda, en Aporrea.org, entre los que recomiendo las entrevistas a Héctor Navarro y Edgardo Lander, Gonzalo Gómez y los artículos de Nicmer Evans, Jesús Puerta, Sergio Sánchez, Felipe Pachano Azuaje y Javier Biardeau, entre muchos otros.

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viernes, 23 de junio de 2017

Una imagen vale más que mil palabras





El economista Carlos Carcione apostilla "La sed de sangre de Atilio Borón (y de otros "intelectuales" del socialismo-del-siglo-XXI [la misma sed de sangra, por cierto, que demostraron en la "primavera árabe" cuando apollaron lo que ellos denominaban como "revolución"]): http://portaldelaizquierda.com/2017/06/los-sepultureros-de-la-izquierda-latinoamericana-ii-la-sed-de-sangre-venezolana-de-atilio-boron/


A todo esto, el señor Walter Martínez no volverá a tener cabida en este blog porque, a pesar de la profesionalidad del señor Walter Martínez, que yo no discuto, se ha convertido en un instrumento ideológico oportunista del primer nivel al servicio del madurismo y de toda la cúpula corrupta que gobierna Venezuela; el señor Walter Martínez es un pelota [complaciente con el que manda] de casta mayor, pero con su apoyo cerrado al madurismo ya es insoportable. Hay otros muchos portales y medios que, siendo críticos con unos y otros, nos mantienenen al día en la actualidad internacional. Así que, señor Walter Martínez, adiós.


Carlos Carcione, junto con Nicmer Evans (en representación de Marea Socialista), discutiendo en el parlamento venezolano (Asamblea Nacional) la situación económica en el país:


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martes, 13 de junio de 2017

Venezuela: Constituyente, golpe de Estado y guerra civil (1)

Las Fuerzas Armadas de Venezuela y, en general, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ya estarían legitimidas para dar un Golpe de Estado en Venezuela: esa legitimidad se la otorga el llamamiento de los parlamentarios venezolanos, y concretamente de su presidente (segunda autoridad constitucional del país), a la insubordinación, sublevación, insurrección o como se le quiera llamar, en definitiva, a desobedecer al gobierno del presidente Nicolás Maduro y ponerse del lado del pueblo que protesta en las calles.

Un llamamiento parecido realizó el parlamento chileno en agosto de 1973 ("hay un grave quebranto del orden constitucional y legal de la República..."), y con esto justificó y legitimó el golpe de Estado de las fuerzas armadas chilenas un mes después. Y algo parecido sucedió el mes de junio en Honduras, cuando la judicatura y el parlamento hondureño se pusieron de acuerdo para anular la convocatoria presidencial a un referéndum constituyente, y acto seguido se puso en marcha un golpe de Estado que terminó con la expulsión del presidente electo y la formación de un nuevo gobierno apoyado en el parlamento.

La Constituyente "madurista", independientemente de como se haya convocado y de como se vaya a elegir, plantea una situación de "doble legalidad" en el país que, en sentido estricto, es una situación revolucionaria. Aunque, probablemente, el país viva en una situación de este tipo desde la formación de la nueva Asamblea Nacional (parlamento venezolano) --porque este parlamento ha vivido desde el primer momento enfrentado al Gobierno de Maduro y, en general, a casi todos los poderes del Estado que secundaban al Gobierno de Maduro (el poder opositor en el Estado se refugiaba en las alcaldías y las gobernaciones --que el Gobierno ha ido arrebatando poco a poco a la oposición mediante la fórmula anti-democrática de las inhabilitaciones administrativas de sus titulares--, y se refugiaba también de una forma mucho más fragmentaria y simbólica en la judicatura), con lo cual se ha llegado a la desobediencia entre los poderes del Estado por razones políticas y a una mútua deslegitimación.

Con lo cual llegamos a un punto en que el Gobierno y la oposición se refugian en dos interpretaciones de la ley vigente completamente opuestas, y en dos legitimidades completamente opuestas. Es lo que en Venezuela se conoce como el "pueblo chavista" y el "pueblo opositor". La legitimidad chavista (la justificación de su poder político) va deshaciendo al poder político opositor de cualquier tipo de legitimidad por la vía de los hechos, simplemente lo va arrinconando, lo va desnudando de cualquier tipo de autoridad política, en algunos casos lo va incluso separando de su misma condición política de ciudadano y ciudadana y, con ello, no sólo condena a la arbitrariedad y vulnerabilidad de sus derechos al poder político opositor legalmente constituido (según la Constitución vigente) sino al conjunto del "pueblo opositor".

En estas condiciones, reclamar cualquier tipo de procedimiento democrático en Venezuela, con las leyes vigentes en la mano de ese país, simplemente es un absurdo, es imposible. Se hace lo que dice el "pueblo chavista", en tanto entidad jerárquicamente organizada, en donde Estado y partido gobernante se fusionan hasta parecer un todo único (2).

En el procreso de deslegitimación del orden legal vigente en Venezuela (en tanto que ha sido un orden que ha incluido hasta la fecha al anti-chavismo político) e instauración de un nuevo ordenamiento jurídico-político exclusivamente en torno al chavismo (al partido gobernante, movimiento sindical afin, organización sectorial institucionalizada por el chavismo, y partidos políticos y movimientos sociales afines al chavismo), se redefine la legalidad constitucional de la V República Bolivariana de Venezuela en torno a los logros del chavismo, y sus metas a medio y largo plazo. El objetivo es el Plan de la Patria porque el objetivo es la Venezuela Socialista, esto es, amalgamar el proyecto libertador de Simón Bolivar con la formación del Socialismo latinoamericano (Socialismo del Siglo XXI). Por tanto, para el chavismo existe una continuidad lógica entre uno y otro ideal.

Sin embargo, para la "república burguesa" esto no es así. La burguesía ha sido condescendiente con el chavismo en diversas etapas de la historia de este movimiento. Lo aupó, cuando suponía romper con la IV República partitocrática, lo toleró hasta el golpe de abril de 2002... Una vez que el golpe fracasó, por incompetencia de la propia burguesía para dirigir un gobierno de transición alternativo al de Chávez, volvió a enfrentarse a Chávez, esta vez recurriendo a los mismos procedimientos que se recogían en la Constitución vigente: planteó el referéndum revocatorio para destituir a Chávez mediante las urnas electorales. Fracasó ese medio y promovió la deslegitimación del gobierno de Chávez, convertido en "régimen", mediante la abstención en las elecciones parlamentarias del año siguiente. Entre tanto, Chávez y su "régimen" comenzaron a evacuar a la oposición del centro del tablero, infiltrándola, persiguiéndola judicialmente, comprando sus medios de comunicación (o cerrándolos). La oposición también pasó por diferentes vicisitudes, antes de llegar a la oposición total a Chávez que culminó en el golpe fallido de abril de 2002 y, después del golpe, cuando se demostró que había que recurrir a los mismos procedimientos del "régimen" para ganar la partida a Chávez o, al menos intentarlo. Así se llegó, tras la muerte de Chávez después de un gran combate que lidiara contra el cáncer, a la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015. Victoria que nadie se esperaba de puertas afuera, aunque hacia dentro de la oposición confiaban en obtenerla.

Es decir, la "república burguesa" vivió con el chavismo un idilio de amores y desamores que terminó en gran divorcio, durante el referéndum revocatorio de 2004, aunque la oposición (la burguesía) no lo ganara. Pero sentó las bases para su recuperación social y política siguiendo el juego constitucional establecido por la república vigente, mientras el espacio institucional entre el chavismo y el anti-chavismo se iba cerrando y la convivencia se hacía cada vez más difícil (sino imposible). Así llegamos a la ruptura, ya no social y política, sino jurídica y legal, entre el chavismo y la oposición anti-chavista, sin ningún tipo de marcha atrás o recomposición del diálogo previo. El chavismo culmina su obra política en la república socialista, obrera y popular, mientras que el anti-chavismo debe volver sobre los pasos de la V República Bolivariana a reconectar la formación de la república con la Constitución de 1961, base del consenso multipartidista, del pluralismo político y de la sociedad civil de corte burguesa. La república burguesa puede asumir parcialmente los avances constitucionales del chavismo en materia de derechos humanos y participación democrática, pero no hasta el punto de poner en duda su propia concepción de la economía y de las relaciones sociales. La confrontación, por más que se haya dilatada hasta hora, se vuelve inevitable a cada momento, y el desenlace dramático para el futuro y los intereses de la nación venezolana (en su conjunto).

La historia se repite en la formación de la república venezolana como en la formación de cualquier otra nación moderna. La guerra civil se vuelve consustancial a la resolución de los conflictos de clases en la modernidad. En el caso de Venezuela, esta guerra civil primero tuvo la apariencia de una guerra por la independencia (contra quienes querían seguir siendo súbditos del rey de España), luego tuvo una formulación territorial, en tanto quienes querían tener un poder político concentrado y otros descentralizado, más tarde, entre quienes connivían con el nuevo poder norteamericano, frente a los viejos poderes europeos que aún se mantenían en América, y quienes no eran partidarios de la connivencia con EE. UU., por último, entre quienes tomaban un bando en la guerra fría (después de la II Guerra Mundial) y quienes tomaban otro.

Fue la república burguesa la que inició, formalmente, el proceso de deslegitimación de la actual V República Bolivariana de Venezuela. Lo hizo desde 2013, aunque no pudo culminar este proceso formal por la vía parlamentaria (lo podía haber intentado también mediante la recogida de firmas) debido a que la justicia chavista había invalidado la legitimidad de varios diputados. En cambio, tuvo más éxito a la hora de activar un segundo mecanismo deslegitimador de la actual V República, el mecanismo de la desobediencia civil o resistencia civil (que está recogido en la propia Constitución vigente de 1999: artículo 350). Este mecanismo, por si sólo, no conduce al derrocamiento del orden constitucional vigente, puede conducir a su renovación. Pero en manos de la oposición anti-chavista no es extraño que conduzca a una nueva Constitución y a una nueva República. Es muy lógico y, en manos del republicanismo burgués, un paso casi necesario. Los principales partidos de la oposición (los que provienes de la IV República, COPEI y Acción Democrática, y los que provienen de la V República, Primero Justicia y Voluntad Popular), prácticamente piden a gritos, para quienes les quieran escuchar, un nuevo orden republicano, que reconecte al país con el hilo constitucional de 1961 (la república partitocrática) (3). Obviamente, no habría nada establecido todavía entre la oposición anti-chavista, pero el país en sus manos se conduciría hacia un nuevo ordenamiento constitucional republicano con toda naturalidad (y, hasta cierto punto, de forma inevitable).

De manera que el enfrentamiento no es gratuito, y no sólo porque están en juego los recursos naturales (además de humanos) del país, y porque sean codiciados por las principales potencias de este mundo, de uno y otro lado, de aquí y de allá.

El gobierno se emplea a fondo en la reconstitución del orden legal vigente, en términos partidistas (chavistas), y la oposición se emplea a fondo en su enfrentamiento contra un nuevo orden constitucional, que no es que les deje fuera como partido, es que prácticamente les deja fuera como "sociedad civil", como clase burguesa. De momento este enfrentamiento sigue el guión de la desobediencia civil, del "golpe blando", tal y como fuera teorizado por Gene Sharp. Pero es sólo un estadio del enfrentamiento, que ya está provocando innumerables quebrantos humanos, destruyendo grupos humanos, destruyendo instituciones (dejando aparte la propia situación crítica en lo social, económico y humanitario [https://www.youtube.com/watch?v=3AWpi5KBaAY] que atraviesa el país), destruyendo la legalidad, destruyendo la convivencia y la moral pública. Una vez que la oposición haya conseguido el consenso internacional necesario sobre la justeza de su causa, pasará al siguiente estado del enfrentamiento, que ya no será el del golpe blando sino el del golpe duro (4). En ese momento puede producirse, efectivamente, el golpe de Estado cívico-militar o, si fracasa, degenerar el enfrentamiento en una "guerra civil", es lo que pasó en España en 1936, es lo que ha pasado en Siria entre 2011 y 2012.

En un escenario hipotético de guerra civil en Venezuela (fase 3 del actual plan militar Zamora del gobierno, que actualmente se encuentra en la fase 2) (5) la oposición buscaría, ante todo, la paralización del país, en el sobreentendido de que tocando el sistema productivo del país y, especialmente, a su industria petrolera, se encuentra la clave de su victoria estratégica sobre el gobierno chavista-madurista. En su defecto, en caso de que el gobierno garantizara su producción industrial, especialmente petrolera, podría resistir replegándose sobre la costa, y su zona de mayor vulnerabilidad sería la frontera con Colombia.

Es decir, un escenario de guerra civil sería sumamente desventajosa para el gobierno de Venezuela. Seguramente no se limitaría a resistir las embestidas del enemigo, que sería, ante todo, un enemigo doméstico, que trataría de hostigarle recurriendo a los cortes de tráfico. ¿Cuánto podría durar un país como Venezuela en esas condiciones? Si una vez alguien respondió que todo depende de quien tenga los tanques, aquí habrá que responder que todo depende de quien tenga el petróleo. ¿El petróleo es del pueblo trabajador venezolano? ¡Pues, entonces, tendrá que defenderlo!

Benito García Pedraza


Post-scriptum: La pregunta que creo que habría que hacerse es si el gobierno de Maduro llegará vivo y entero a la Asamblea Constituyente que ellos han convocado, y, en caso de que se concrete su defenestración antes de la apertura de la Asamblea Constituyente, cómo será esta. Porque sospecho que el descontento acerca de la convocatoria de esta asamblea es amplio, y las dudas de que se pueda impedir que la nueva Constitución resultante de dicha Asamblea se ponga en práctica grandes... porque una vez que esta Constitución saliera a la luz sería difundida y adoptada como propia por el "pueblo chavista"; de manera que el momento crítico en el proceso constituyente abierto por el presidente Maduro se cierne sobre todo antes de la apertura de la Asamblea Constituyente, toda vez que, después de que la nueva Constitución saliera a la luz, sería muy difícil para la oposición impedir su aplicación (y, por tanto, que surgiera un choque de legitimidades entre la vieja y la nueva Constitución), y le sería muy difícil para la oposición impedir su puesta en marcha por diversas razones, entre ellas por el control monolítico del Estado por parte del partido gobernante, control que sin duda alguna reforzaría la nueva Constitución. De manera que el momento crítico del proceso constituyente iniciado por Maduro es anterior a la apertura de la Asamblea Constituyente chavista, especialmente cuando los procesos de preparación de la misma se demoran hasta mediados de julio, el tiempo parece más que suficiente para que frague una conspiración golpista (esta vez exitosa) con apoyo político (Organización de Estados Americanos) y logístico (Comando para América Latina del Ejército de Estados Unidos) del exterior. Una conspiración de este tipo no debe subestimar la colaboración que se reciba "desde dentro" del régimen bolivariano/chavista, bien por que se compren voluntades (de diversa forma), bien porque se lleguen a acuerdos personales que garanticen la impunidad cuando triunfe el golpe. Una vez que el golpe de Estado triunfara, se pondría un marcha un gobierno de transición (bien de unidad nacional, bien de la oposición triunfante), que normalizara la situación del país en todos los órdenes, sin pasar por encima de la Constitución de 1999 [dejando a un lado el mismo hecho extraordinario del golpe de Estado, que hasta cierto punto la Constitución del 1999 asume en tanto que asume el derecho a la desobediencia civil], pero poniendo, evidentemente, la proa de esa transición hacia la reconexión constitucional con la Constitución de 1961 (y con todo lo que ha supuesto para la historia de Venezuela el constitucionalismo santanderista descentralizador frente al constitucionalismo bolivariano centralizador  de la República venezolana), y, en esa transición, un paso previo insoslayable (una vez que se hubiera superado la interinidad del nuevo gobierno a través de nuevas elecciones presidenciales), sería la liquidación del ALBA (Alianza Bolivariana de América Latina) que se sostiene fundamentalmente gracias al petróleo venezolano, y a la conexión política-económica entre Venezuela y Cuba, que ese petróleo permite. Si el Gobierno de Maduro "sobreviviera" a la Asamblea Constituyente que ha convocado (a diferencia de lo que les pasó a los gobiernos de Allende en Chile y de Zelaya en Honduras, que también convocaron procesos electorales similares, sin el apoyo de toda la población), entonces sí que podríamos estar casi seguros de que el país se vería condenado a una guerra civil o, lo que es lo mismo, a un "conflicto interno armado" [que trataría de conseguir lo mismo que se habían planteado inicialmente los golpistas, sólo que ahora atacando las principales infraestructuras del país, es a lo que ciertos grupos de la oposición se refieren cuando hablan de "trancar" el país pero, de momento, la dirigencia opositoria está en el golpe blando o "plantón"; ya veremos como esta diferencia de significaciones de la acción opositora evoluciona en las próximas semanas].

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(1) Con respecto a la terminología de los acontecimientos políticos que aquí se tratan vamos a evitar líos o confusiones. Entederemos por golpe de Estado el cambio o transición violenta, brusca, no consensuada en la jefatura del Estado, más allá de la legitimidad que se arroguen los que realizan el golpe de Estado para hacerlo. Este golpe de Estado puede ser "revolucionario", si de lo que se trata es de reinstaurar un orden de libertades civiles y políticas y la autoridad de la Constitución vigente, o puede ser "reaccionario" cuando se trata de todo lo contrario, de violentar las libertades individuales (los derechos humanos) y anular la Constitución. En cuanto al concepto de guerra civil, ya lo hemos definido en otro artículo: consideramos que una guerra civil es un conflicto interno entre la población de un país que alcanza la categoría de conflicto armado.

(2) El Partido Comunista de Venezuela (PCV) ha protestado al poder chavista reclamando un mayor protagonismo en la formación de la Constituyente. Fracamente, escuchar a este partido da un poco de vergüenza, parece vivir en otro país o enterarse de los acontecimientos que pasan en el suyo propio por la prensa. Hasta que se formularon las denuncias de los ex-ministros de Chávez sobre el curso de la Revolución en manos de Maduro la posición del PCV todavía podía parecer creíble, pero ya no lo es porque no argumentan más allá del "Ya lo avisamos" y "Yo también quiero algo" (el consabido qué hay de lo mío, aunque sea en nombre del Pueblo Trabajador). El PCV no se ha enterado o no parece querer enterarse de que el poder chavista (el pueblo chavista) ha elaborado un intrincado complejo de organismos burocráticos, aparentemente democráticos, que articulan la voz y las demandas de ese pueblo chavista en sus múltiples niveles (trabajadores, estudiantes, consumidores, "pro-sumidores" [es decir, una producción de autosubsistencia], mujeres, jóvenes, indígenas... hasta el colectivo LGTBI está integrado en el "poder chavista"). De manera que si el PCV demanda más protagonismo en el "pueblo chavista" lo que tiene que hacer es implicarse más en él... Este "pueblo chavista" no es otra cosa, en la práctica, que la gran coalición electoral que ha obtenido participación institucional de la mano del PSUV (el partido gobernante), lo que se ha conocido como el "polo patriótico" (que, ahora, a partir de la Constituyente, se va a quedar solo, para gobernar Venezuela, dentro de una estructura comunitaria de múltiples niveles que dara rango constitucional a las instituciones legales que durante todo este tiempo han cimentado el "pueblo chavista"). En todo caso, el PCV ha recurrido a una alianza "sectorial" (la lógica de los chiringuitos) con una parte de esas fuerzas políticas pro-chavistas organizando lo que ha denominado el "Frente Patriótico Anti-Fascista y Anti-Imperialista". Lo cual está muy bien, pero nuevamente el PCV vuelve a colisionar con el chavismo "realmente existente", porque si de lo que se trata es de defender al país de cualquier tipo de amenaza externa o interna, también el chavismo ha hecho sus deberes desde hace bastante tiempo y tiene ya montadas sus estructuras de "guerra popular", por no decir de "control social", no sólo a través de los Círculos Bolivarianos (reconvertidos en colectivos) sino también a través de las milicias bolivarianas. De manera que la labor del PCV es loable pero, en muchos sentidos, testimonial.

(3) Si lo que trata la oposición es de reconducir a Venezuela a la constitucionalidad de 1961, deshaciendo, en buena medida, lo alcanzado por la Constitución de 1999 (de Chávez), podríamos plantearnos cúal de las dos posturas políticas en pugna en Venezuela es realmente la revolucionaria, si la del gobierno que intenta conservar lo alcanzado por la revolución bolivariana, "radicálizándola", o la de la oposición que, en definitiva, quiere deshacerse de esa revolución.

(4) Para la implementación del "golpe de Estado" de la oposición será clave el apoyo que reciba de la Organización de Estados Américanos, una vez que alcance esta legitimación, y después de haberlo consultado con sus aliados en el exterior, puede dar el "salto cualitativo" necesario del golpe blando (manifestaciones callejeras) al golpe duro (defenestración del presidente de la República); salvando las distancias geográficas e históricas, ese fue el paso que se dió en el golpe de Estado exitoso de Ucrania en 2014, cuando un arreglo político entre el gobierno y la oposición, con el visto bueno de EE. UU., la Unión Europea y Rusia, sin embargo, convenció a la oposición de llevar a cabo su golpe de Estado "reaccionario". En el caso de Siria, su oportunidad para el golpe de Estado la perdieron con el fracaso de la operación militar "Volcán sobre Damasco" de 2012, una vez que ya habían ganado el apoyo político de la Liga Árabe.

(5) La activación del plan militar Avila durante la marcha opositora del 11 de abril de 2002 desencadenó el golpe de Estado "reaccionario" que mantuvo a Hugo Chávez fuera de la presidencia durante 3 días.

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