jueves, 12 de enero de 2017

Viva Trump. God Bless America.

No me he olvidado del artículo que prometí al final de mi última entrada, pero va a llevar su tiempo. Tal vez podría estar para finales de febrero, en todo caso antes de que entre la primavera.

Otra cosa que quiero aclarar: por favor, los de IU, no sigáis insistiendo en poneros en contacto conmigo. Creo que ha quedado claro que no quiero nada con vosotros, lo siento. Y si con vosotros no quiero nada, imaginaros con Podemos... En fin, de verdad, es que ni quiero ni se puede hacer nada, ya sé que vuestros jefes políticos os piden resultados, pero conmigo pincháis en hueso, de verdad. Me parece que lo dejaba claro en el último artículo, en todo caso lo podéis volver a leer y, si no, esperaos al siguiente. Bueno, en fin, y no sé si tengo que especificar qué es para mí IU, ¿necesitaís los de IU que os lo especifique? O qué es para mí Podemos, o el sectarismo de izquierda, o el cripto-comunismo (sobre eso hablaré en el siguiente artículo). En fin, que la izquierda, en España, y no sólo en España, esta hecha una mierda. Hay gente valiosa en la izquierda, en España y fuera de España. Sí. A la que puede que esto moleste. Sí. Pero esa es la verdad, o mi opinión sobre lo que es verdad, y esa opinión no va a cambiar de aquí a muchos años, creedme.


Pero vayamos con un tema infinitamente más importante de lo que creo o dejo de creer sobre la izquierda. Y es la cuestión de la próxima proclamación de Donald John Trump como treinta y seisavo presidente de los EE. UU. 

La campaña presidencial en EE. UU. acabó oficialmente el 9 de noviembre del año pasado cuando la rival demócrata en la contienda, reconoció públicamente la victoria de Trump. Ahora bien, desde entonces EE. UU. no ha dejado de vivir en una post-campaña, es decir, la campaña electoral se ha prolongado muchos más días, por no decir meses. Para empezar, Trump, al poco de ganar, se subió en su avión y se puso de nuevo a recorrer el país para dar las gracias a sus votantes. Trump se volvió a subir a su avión y se embarcó de nuevo en una campaña política, con el mismo sabor electoral que la anterior. Recurriendo a los mismos lugares, dando mítines similares, remachando todos y cada uno de los puntos que proclamó en su anterior campaña. Porque Trump estaba dejando claro que no los había anunciado para ganar su voto sino que el se proponía cumplir con todo su compromiso electoral, hasta donde le dejaran... Muro de México incluido. Trump se ha puesto a levantar un movimiento político, lo dejó muy claro desde el momento en que enfiló las Primarias de su partido en enero del año pasado (y se vió, para todo aquel que fuera un observador avispado, que era el favorito para ganar las Primarias republicanas). Y Trump va a seguir poniendo en marcha, adecentando, reconstruyendo ese programa político, que en realidad no es el suyo, sino el de la América conservadora que ha llevado a ganar las elecciones presidenciales a todos los candidator del Partido Republicano. Bien, pues ese movimiento ahora lleva a Trump (o a Trump/Pence, su vicepresidente) como candidato ganador. Por eso sigue utilizando Twitter con frenesí, con delectación, casi con morbo, esperando un nuevo griterio y escandalera de sus adversarios políticos. Sí, Trump es populista, derechas y populista. ¿Y por qué no? Todos los políticos que se precien, que quieran ganar el afecto del público y conservarlo tienen que tender al populismo, todos. Reagan, Bill Clinton, Obama, incluso Bush hijo (el padre era un caso aparte, y se subió a la herencia populista de Reagan para ganar en 1988, y no logró revalidar su victoria cuatro años después frente a Bill (lo conocemos por su apodo y no por su nombre correcto, William; otro rasgo populista) Clinton. Trump está construyendo o reconstruyendo ese movimiento conservador que le debe asegurar en la Presidencia de EE. UU. y garantizar su elección. Por lo tanto, no puede entretenerse ni dejarse engatusar por los refinamientos culturales de la intelligentsia que ha tenido postrado al Partido Republicano y al hombre medio de EE. UU. durante bastante tiempo, y que por lo demás es lo suficientemente cínica para no tomarse en serio nada de lo dice y hacer justo lo contrario de lo que predica.

Y poco después de que Trump ganara las elecciones presidenciales, la maquinaria demócrata empezó a engrasarse para reponerse de la derrota y buscar un remedio a medio y largo plazo. Y, evidentemente, ese remedio no puede ser otro que vencer electoralmente a Trump dentro de cuatro años. Y a corto plazo, el remedio es enfrentar sus políticas y evitar que ponga en marcha su política anti-obamita y neo-liberal en el Parlamento bicameral de EE. UU. Y alguno dira, "¿Neo-liberal, anti-obamita? Pero eso está mal. Obama bien, Trump mal, que hagan frente a Trump los demócratas". En realidad, Trump va a tratar de rectificar por la derecha las políticas que ya ha impulsado Obama. Las políticas de reconstrucción de infraestructuras ya lo ha comenzado a hacer Obama. La reforma sanitaria de Obama (su programa estrella) está parado porque no convence a las aseguradoras, sobre las que se basa el sistema sanitario de EE. UU. De manera que el planteamiento de Trump es muy sencillo y fácil de comprender para la mentalidad capitalista del hombre medio de EE. UU.: reformas, sí, pero a cambio de que el sector privado haga negocios con ellas. Luego, hay muchas otras reformas donde Trump va a tener que lidiar tanto con el Partido Demócrata como con el Partido Republicano, porque ambos defienden organismos burocráticos, intereses creados, etc... Por tanto, nadie puede dudar de que Trump necesita tener abierta esa línea de comunicación directa con sus votantes, nadie, excepto los adversarios políticos de Trump.

Como digo, la campaña electoral, por paradójico que resulte, no ha cesado después de la elección de Trump como nuevo presidente de EE. UU., y la campaña anti-Trump se ha intensificado desde el primer momento, con matices. Por ejemplo, cierto electorado neo-conservador se ha reconciliado con Trump al ver en él un recuperador de la herencia económica de Reagan; sin embargo, no le ha perdonado sus buenas relaciones con los rusos (¿?).

El equipo político de Trump va a ser atípico de principio a fin, como el mismo presidente: debido a su composición, a su compromiso de que sólo cobrarán simbólicamente un dólar al mes, a su extracción la creme de la creme del mundo de los negocios (son números uno, cada uno, en lo suyo), debido a lo políticamente incorrectos que son (su ruptura con estereotipos e ideas preconcebidas); en fin, nada ver con el aburrido gabinete de Bush hijo, este dará de qué hablar desde el primer día. 

Y, como digo, los demócratas se han lanzado a la yugular desde el primer momento en que Trump fue elegido presidente. Superado el estupor, era una gozada ver cómo Obama recibía a Trump en la "Casa Blanca" y se tragaba, palabra por palabra, la broma que le hizo delante de todo el mundo en la cena anual de corresponsales de prensa  (broma-insulto público, que no estuvo exento del regodeamiento de algún cómico invitado al acto; ya se sabe la buena relación que los demócratas mantienen con el mundo de las artes, los "compañeros-artistas", etc.). En correspondencia, un puñado de actores de Hollywood "conservadores" hicieron causa común por Trump durante la campaña electoral, a excepción del ex-gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

De manera que el "fair play" (el juego limpio) entre demócratas y republicanos (o, para ser más exactos, entre el "establishment" y Trump) ha durado poco tras estas elecciones presidenciales y se han vuelto a reproducir las mismas bajezas y los mismos golpes bajos que vimos durante la campaña electoral, una de las campañas electorales a la presidencia de EE. UU. más sucias de su historia, sin lugar a dudas (y las ha habido bastante sucias).

¿Dice que Trump puede ser el Gorbachov estadounidense? No, no, no se equivoquen. Trump es Reagan redivivo, puesto al día, y servido para delectación y saboreamiento de la audiencia de las televisiones (como lo fue Reagan), en lo bueno y en lo malo que dé de sí (como Reagan). ¿Dicen que Trump es amigo de los rusos? Mejor para él. A Reagan le costó llegar a establecer esa conexión (y hacerse amigo de Gorbachov) cinco años. De manera que si Trump empieza siendo amigo de los rusos, es tiempo que ha ganado.

Entre tanto, Siria casi ha liberado por completo Alepo. ¿Tiene algo que ver en eso Trump? Directamente, no. Pero indirectamente, sí. De entrada, una sustitución en la presidencia de EE. UU., máxime si es entre presidentes de distinto partido, provoca un impass de espera en la acción exterior, hasta conocer la orientación de las nuevas políticas del presidente entrante (el impass suele durar 9 meses [Henry Kissinger: China. Ed. Debate, pag. 392] ). En el caso de Siria, además, no hay demasiadas dudas sobre el giro que va a tomar Trump. Porque Trump se ha manifestado resuelta y categóricamente en contra del Estado islámico y del terrorismo musulmán (del que no duda en enfatizar su componente religioso y sectario), a diferencia de lo que hacia Obama o, incluso, Bush hijo. En todo caso, inevitablemente, una cosa es lo que Trump diga, y otra cosa será lo que la razón de Estado, o la prudencia política, aconsejen. Veremos. Pero los rusos no han esperado tanto a Trump para ponerse a arreglar la cuestión siria como a los turcos, lo que no ha debido sentar nada bien a la administración saliente de Obama, por varios motivos, entre otras cosas, como digo, porque la campaña contra la administración Trump se desató casi desde el mismo día de la elección de Trump como próximo presidente. ¿Y los turcos son un negociador seguro para Rusia? ¿No son los turcos de Erdogan, al fin y al cabo, los defensores del expansionismo turco por Asia y el Mediterráneo, de su particular concepción del Islam político y de los negocios empresarios a dicho Islam suní? Eso creo, y por eso creo que en todo lo que se dice del "giro estratégico" de Turquía hay una gran impostura. El único giro estratégico es el redoblamiento de las ansias de Erdogan y su partido de construir una república islámica excepcional en Asia, que sea espejo para otros proyectos políticos islamistas en el mundo, en franca competencia con los otros dos proyectos políticos islamistas rivales y alternativos, que son el wahabita de Arabia Saudí y el chiita de Irán.


Benito García Pedraza




Post-data: Mi última actividad conjunta con "la izquierda" fue en el verano de 2015 sobre la guerra del Yemen, y humildemente pienso que si no hubiera sido por lo que, aquí en España, se hizo al respecto entonces la izquierda de habla hispana no hubiera incorporado aquella causa como uno de sus referentes globales, o la hubiera incorporado tarde y mal. En principio, no idea era hacer dos actos sobre aquel tema, sobre la marcha llego a constituirse una plataforma, pero en su desenvolvimiento y desarrollo no nos pusimos de acuerdo, entre otras cosas por el ambiente en general de oportunistas a rebosar que ya pululaban por todas partes, y que cuajó en Podemos en la primavera de un año antes. Con todo y con eso, con las enormes dificultades que entonces ya rodeaban a la izquierda (y que se crea a sí misma por su precipitación, oportunismo, capitulación y social-traiciones) creo que se hizo un buen trabajo, con la gente adecuada, en el momento adecuado.

--
Relaciones Internacionales en un Mundo Multipolar: https://www.facebook.com/groups/301202956654207/