martes, 23 de mayo de 2017

La dictadura constituyente de Maduro (1)

Lo que se está preparando en Venezuela no es ningún tipo de transición hacia una democracia más o menos liberal o más o menos burguesa sino, todo lo contrario, la transición hacia una forma de Estado de partido único o de semi-partido único de carácter totalitario, con una burguesía de Estado atrincherada en su control del poder administrativo y unas clases subalternas (proletariado y pequeña-burguesía) dependientes del sistema productivo estatalizado.

A medio y largo plazo, se trata de la comunalización del Estado en aras de la formación de un Estado obrero en el sentido clásico del marxismo-leninismo o comunismo científico, eso implica la expropiación de toda la clase media, burguesa o pequeño-burguesa, que no depende económicamente de forma directa del Estado, para forjar el nuevo Estado socialista.

La Constitución resultante de esta asamblea constituyente madurista, no necesariamente tiene que declarar al Estado socialista, pero tiene que definir resueltamente el carácter comunal (obrero) del Estado y, por consiguiente, su aspiración expropiatoria de todo lo que signifique una propiedad privada al margen del desarrollo socialista-comunal de dicho Estado (2).

La dictadura constituyente de Maduro enfatiza el carácter constituyente (insurreccional) de la propia República Bolivariana de 1999, hacia la formación de una confederación de países socialistas en Latinoamericana, enfrentada al bloque de países capitalistas-imperialistas que se ha solido englobar en el "consenso de Washington", este bloque es encabezado en la región sudamericana por Brasil, y le siguen Argentina, Chile y Perú, sumándose en centro-américa México de forma notoria (3) (4); en última instancia, toda esta entente capitalista-imperialista del centro y sur de América es hegemonizada por EE. UU., que mantiene su propia integración regional económica y política en Norteamérica a través del TLCAN, y la correspondencia al mismo nivel de manera bilateral con México, República Dominicana, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatelama, Nicaragua, Perú, Colombia, Perú y Chile. Esta alianza regional con EE. UU. se concreta en tratados de libre comercio, en la Organización (política) de Estados Américanos y, de forma mucho más selectiva, en la colaboración militar con el Comando Sur (para América Latina y el Caribe) del ejército de EE. UU. de México, Belice, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Bahamas, Martinica, Granada, Colombia, Perú, Chile, Brasil y Paraguay.

La asamblea constituyente "convocada" por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, se sustenta en una interpretación muy discutible de la Constitución vigente de 1999 (5). En todo caso, se trata de una Constitución cuya aplicación práctica también ha sido más que discutible, por eso digo que todo el periodo constitucional de Chávez, en realidad, no ha sido otra cosa que una dictadura constituyente prolongada, con una cierta aproximación a la constitucionalidad, en sentido estricto, y un cierto (aparente) respeto de la legalidad que ha mitigado los aspectos más duros de un régimen personalista (autocrático). En cambio, cuando ese régimen dictatorial se enfrenta contra un Parlamento (Asamblea Nacional) en manos de la oposición --como ocurría cuando Chávez se enfrentaba contra la independencia del poder judicial o el auto-gobierno de los ayuntamientos--, las aristas de ese régimen dictatorial se demuestran más cortantes y revelan el fondo totalitario del poder constituyente que lo nutre.

Porque, en última instancia, el régimen chavista se trata de una dictadura soberana que reclama todo el poder del Estado para sí, entronizando a un presidente despótico sin corona [en paralelo a la monarquía republicana europea (6)] que ejerce arbitrariamente el poder de la república cuando cree que su autoridad o prestigio está en juego (7).

En ese sentido, se trata de una forma de dominación burguesa rudimentaria (despótica o, si se prefiere, tiránica (8) (9)), porque la burguesía ha establecido, legalmente, las formas en que puede desarrollar su propia dictadura, sin sobrepasar la propia legalidad (constitucional) que a sí misma se ha concedido, mediante el estado de excepción, de sitio o de urgencia (10).

Por lo tanto, en el enfrentamiento entre dos burguesías claramente diferenciadas, la chavista o madurista se apresta a recabar todos los medios que estén a su alcance para concentrar el poder, tanto constitucionales como inconstitucionales y, en última instancia, reclama al pueblo trabajador (a las capas populares, obreras e intelectuales) que dé la lucha que ella se ve insuficientemente capacitada para dar (11) (12).

No duda, para ello, en recurrir a la más absoluta ilegalidad, al asesinato político, al crimen de Estado (13) y, si se llega el caso, a provocar la guerra civil, con la promesa de que, en medio del enfrentamiento, la revolución radical-democrática acabe siendo una revolución comunista y obrera. Cualquier cosa le vale con tal de concitar alianzas para dar la batalla final contra su antagonista de clase que no es otro que el gran capital (el capitalismo imperialista de Norteamérica), concitando, en medio de la pelea, la identificación con el verdadero antagonista del capital, tanto del extranjero como del nacional, que no es otro que el proletariado.

Porque el capital extranjero, además de haber legalizado su propia dictadura, el estado de excepción, de sitio o de urgencia, en sus constituciones, tampoco duda en recurrir al asesinato (político), al crimen de Estado e, incluso, a los movimientos guerrilleros, cuando se trata de insubordinar a la población y alterar el orden constitucional de aquellos países cuyos gobiernos no resultan de su agrado.

Pero para ello las democracias (burguesas) consolidadas disponen de los medios legales y también administrativos para hacerlo: leyes de excepción, comisiones parlamentarias de asuntos secretos, servicios de inteligencia y contra-inteligencia, fuerzas armadas de élite, presupuestos secretos y convenios militares de ayuda mutua entre países.


Benito García Pedraza (administrador del blog "No a la Guerra Imperialista")

Post-scriptum: El régimen chavista renunció a una salida liberalizadora con su convocatoria unilateral y parcializadora de una asamblea constituyente (que debe redactar una nueva Constitución, no enmendar ni reformar la existente, escribir una nueva), esta es la conclusión de varias mesas de diálogo con la oposición (oficiales y no-oficiales) frustradas, desde que ganara el Parlamento (Asamblea Nacional) en diciembre de 2015, y se produjera un enfrentamiento entre poderes del Estado (que en Venezuela se elevan a 5), que, básicamente, tenía como corolario el enfrentamiento total entre el gobierno presidido por Nicolas Maduro y el nuevo parlamento --porque los comentaristas chavistas dicen que no había tal enfrentamiento dado que el poder judicial daba la razón al gobierno; se les olvida decir que el chavismo remodeló la cúpula del poder judicial días antes de la toma de posesión del parlamento para propiciar dicho enfrentamiento, y que el resto de poderes de la república están politizados (parcializados) en favor del gobierno de forma vergonzosa. No nos chupamos el dedo, no queremos decir que en el resto de países los poderes del Estado no estén sometidos a presiones políticas o de otra índole, pero en el caso de la Venezuela bolivariana el grado de presión a que se someten esos poderes, por no hablar de su falta de control "democrático" por la ciudadanía (o de balanceo o mútua vigilancia entre unos y otros) llega a niveles difícilmente superables... habría que recordar los casos más turbios del narco-estado mexicano o del terrorismo de Estado en España para poder equipararlos. Aunque las conciencias bienintencionadas (entre las que me incluyo) hayan podido y querido desear una salida liberalizadora a la crisis de Venezuela que, básicamente, descongestione el mercado de bienes y servicios (haciendo aflorar el mercado negro, al que el régimen acusa de estar envuelto en la "guerra económica" [como si en el resto del mundo no hubiese mercado negro]), atacando la inflación, incentivando la competitividad, moderando consiguientemente los salarios en razón a la productividad, reanimando la producción nacional, alentando el consumo y la inversión, aunque, como digo, la salida liberalizadora parecía la más lógica no sólo para la economía, sino también para la política: convocando las elecciones regionales pendientes, renovando los cargos del Consejo Nacional Electoral (cuyo mandato ya está extinguido), preparando las elecciones presidenciales del próximo año; aunque todo esto parecía lo más lógico, y hubiera supuesto una adaptación progresiva del gobierno a un nuevo escenario nacional, ha tirado por el camino de en medio, haciendo valer el plan de la patria de Chávez y profundizando el camino (en su terminología, radicalizándolo) de la revolución hacia el socialismo. Lo cual, como digo, no lleva hacia la liberalización de la sociedad sino, todo lo contrario, hacia su totalización por un Estado que se declara en guerra contra cualquier tipo de amenaza interna y externa. No parece que ese sea el camino de la paz, aunque así lo digan los portavoces del gobierno, más bien parece todo lo contrario. De alguna manera, era lo que se le había pedido desde la izquierda chavista; ahora, en cambio, a esa misma izquierda le toca decir "Así, no". El planteamiento del "Estado comunal" no es nuevo en el gobierno de Maduro; aunque hasta ahora no lo hubiera planteado con semejante determinación y rotundidad [la ley orgánica de las comunas (2010) ya concebía al Estado como una gran organización comunal, ¡aunque la idea recibió un mayor impulso tras la victoria opositoria en las elecciones parlamentarias de 2015!. Véase, "¿Qué es el Parlamento comunal?": http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151216_venezuela_parlamento_comunal_claves_dp]  De alguna forma, lo que la izquierda chavista se temía, y aquí compartimos parcialmente ese temor, es que los sectores "centristas" del gobierno (su sector negocios), fueran los que promovieran esa liberalización, en una suerte de chavismo social-demócrata, un desarrollismo social y de progreso (capitalista) que conjugara igualdad con crecimiento, sin espantar a los inversionistas extranjeros (ni a los capitalistas nacionales). Parece que el gobierno tiene amarrados a los inversionistas extranjeros con los famosos 15 motores de la producción (que deben propiciar un nuevo marco de relaciones productivas: el socialismo) [15 motores contratados con capital extranjero sin la aprobación del Parlamento opositor, obligatoria por ley], por lo tanto, el mensaje para la clase media (los capitalistas nacionales) debe ser claro: u os sumaís a la revolución en marcha o pereceréis.

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(1) NO HAY NADA DECIDIDO EN VENEZUELA. LA SUERTE DE LA CONSTITUYENTE DE MADURO ESTÁ EN EL AIRE. LAS FUERZAS DE LA OPOSICIÓN Y DEL GOBIERNO, O DEL GOBIERNO Y LA OPOSICIÓN, ESTÁN MÁS EQUILIBRADAS DE LO QUE EL GOBIERNO ESTARÍA DISPUESTO A RECONOCER. LOS GOLPES MÁS DUROS SUELEN SER AQUELLOS QUE NO TE ESPERAS (LA AMISTAD SE PONE A PRUEBA EN LOS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES). LA BATALLA DE VENEZUELA ACABA DE COMENZAR --SI POR ALGÚN LADO EL CAMPO ANTI-IMPERIALISTA INTERNACIONAL SE DESMEMBRARÁ SERÁ POR VENEZUELA [CON RESPECTO A SIRIA, NO OS APURÉIS, EL APOYO DE RUSIA E IRÁN ES DECISIVO PARA ENCARRILAR LA SITUACIÓN].

(2) Estoy tentado a establecer un paralelismo entre la Constitución de Maduro y la de Stalin, y la verdad es que sería una comparación forzada. El sistema soviético (comunal aplicado a las características de la Rusia socialista) se constitucionalizó en tiempos de Lenin, con posterioridad lo que se hizo fue dar un carácter plurinacional al Estado soviético y perfeccionar su organización jurídico-administrativa. Algo parecido se propone hacer Maduro; el sistema comunal ya ha sido establecido con Chávez pero le falta un arraigo institucional que sólo le puede ofrecer la Constitución, ya lo intentó hacer el propio Chávez con la propuesta de reforma constitucional de 2007, pero en referéndum se la echaron para atrás; ahora el madurismo no cometerá el mismo error y someterá a referéndum el proyecto constitucional una vez que se haya concretado en la ponencia de la Asamblea Nacional Constituyente, y a partir del reglamento electoral que el mismo madurismo diseñe.

(3) El reflujo continental del "socialismo del siglo XXI" (formación ideológica aglutinadora de los partidos políticos, movimientos sociales y ejércitos guerrilleros pertenecientes al Foro de Sao Paulo) comenzó con la derrota electoral del kirchnerismo en 2015, y avanzó con la destitución parlamentaria de la presidenta brasileña Dilma Roussef en 2016 (Partido de los Trabajadores); sospechamos que la misma mayoría parlamentaria que destituyó a Roussef se va a encargar de mantener en la presidencia del país al setentañero Temer, aunque carezca de popularidad entre la población. De la misma forma que para concitar un impulso popular se requiere un liderazgo entusiasmante (individual o colectivo), para enfriarlo se requiere la connivencia de intereses contrapuestos aliados en un objetivo táctico: alejar al PT de la presidencia de la república, este el caso de la mayoría parlamentaria que mantiene al gobierno de Temer. Además, una tormenta judicial, oportunamente, enfría aún más las aspiraciones para volver alcanzar la presidencia de la república por parte del PT. La victoria de la oligarquía brasileña en Sudamérica es estratégica, confrontada con las aspiraciones de una segunda Gran Colombia, aliada estratégicamente a la dirigencia económico-política de Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Perú; el objetivo para todos ellos es mancomunado, alejar el fantasma del "socialismo del siglo XXI". Curioso, al respecto, el apoyo que esta estrategia ha encontrado en una parte de la izquierda uruguaya, cuyo partido de vanguardia forma parte del Foro de Sao Paulo. ¿De esta forma Uruguay, y particularmente su centro-izquierda, está nadando y guardando la ropa?

(4) Colombia estaría llamada a jugar un papel muy importante en la crisis institucional venezolana, si no fuera porque ahora está inmersa en un proceso de paz con las dos guerrillas en activo en su territorio cuyo futuro se nos presenta incierto, después de la rública y presentación pública de los acuerdos el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena de Indias, y el premio Nóbel de la paz para el presidente Santos. Colombia es muy importante para descongestionar la situación en cuanto a la acogida de refugiados y al paliamiento de la situación socio-económica del Venezuela, pero su propia situación convulsionada de la actualidad no la hace un lugar idóneo para la resolución del conflicto en una hipotética negociación internacional entre la oposición y el gobierno venezolano. Otros países sudamericanos se presentan como valores más seguros para la oposición venezolana. En cuanto al gobierno venezolano, su mayor defensa regional es el ALBA (en cambio, en estos momentos, Venezuela busca la complicidad de la CELAC después de haber anunciado su retiro de la Organización de Estados Americanos, con sede en Washington), el ALBA es la alianza "bolivariana" de países latinomericanos que debe haberse convertido en un objetivo a batir por todos aquellos que también quisieran ver naufragar el "socialismo del siglo XXI".

(5) Toda la discusión que se ha generado en Venezuela en torno al decreto presidencial de convocatoria de la Asamblea Nacional Constitucional (ANC) versa sobre la disquisición de si tener la iniciativa de convocar la ANC es lo mismo que tener el poder de convocar la ANC, directamente. Si el presidente de la República, reunido en consejo de ministros (como dicte el artículo 348 de la Constitución vigente en Venezuela), tuviera el poder de convocar directamente la ANC, entonces el paso siguiente, de mandar el decreto presidencial al respecto al Consejo Nacional Electoral, sería puramente administrativo, el Consejo Nacional Electoral examinaría su validez y, una vez que se daría por enterado del decreto, se pondría a organizar los pasos administrativos necesarios para la convocatoria de la ANC, con las bases para las elecciones de la ANC que el decreto presidencial estipulara; en cambio, si el presidente de la República Bolivariana de Venezuela sólo tuviera la capacidad de iniciar el proceso de convocatoria de la ANC, pero no de ordenarlo o confirmarlo, entonces el Consejo Nacional Electoral debería examinar el decreto presidencial y, en caso de que estuviera ajustado al ordenamiento legal vigente, consultar a todo el poder soberano de Venezuela (a la nación venezolana, convocada para tal efecto a un referéndum electoral) para que confirmará o no la convocatoria de la ANC así como las bases comiciales (electorales) que se iban a emplear para elegir a los diputados de la ANC (los que defienden esta interpretación constitucional de la convocatoria de la ANC se atienen al artículo 347 de la Constitución vigente en Venezuela). El desempate entre estas dos interpretaciones de la Constitución se podría realizar acudiendo a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, pero este tribunal también está envuelto en el enfrentamiento entre el Gobierno chavista y el Parlamento opositor (que no está de acuerdo con la convocatoria de la ANC por el Gobierno), por lo que es probable que su criterio no sirviera para aclarar la polémica sino, en todo caso, para ahondarla.

(6) Una monarquía republicana "sin corona" es como se caracteriza a la república francesa, especialmente después de que la refundará Charles De Gaulle, a partir de la guerra en Argelia, como república presidencialista. Ahora bien, en los 59 años de existencia de la actual V República jamás dió el espectáculo que actualmente está dando la República Bolivariana de Venezuela de enfrentar poderes constitucionales y deslegitimarse mútuamente entre sí.

(7) Desde la llegada de Chávez al poder, los enfrentamientos con la judicatura fueron permanentes, pero valga como ejemplo la suerte que corrieron las juezas Gisela Parra (muerta en el exilio) y María Lourdes Afiuni (en libertad condicional, después de haber pasado dos años en prisión y otros dos más en arresto domiciliario). En cuanto a los enfrentamientos de los presidentes Chávez y Maduro con diputados nacionales, gobernadores y alcaldes, han recurrido a la inhabilitación administrativa (ilegal) para deshacerse de políticos elegidos por voto popular, impidiéndoles volver a presentarse a la reelección y seleccionando a personas de su confianza para las gobernaciones.

(8) Un partido de izquierda venezolano como Bandera Roja, ha caracterizado al chavismo como un "despotismo revisionista de izquierda", es decir como una formación capitalista-burguesa que combina una ideología revisionista de izquierda con una explotación de los recursos naturales del país por un Estado despótico (a la manera del antiguo despotismo asiático u oriental). La tesis no deja de resultar sugerente. De hecho, las reflexiones en torno a los usos asiáticos o despóticos de cierta izquierda no han dejado de proliferar desde la revolución rusa de 1917 (), por otro lado, la misma aceptación de un "despotismo oriental" como uno de los modos de producción analizados por el marxismo ha hecho correr ríos de tinta, aceptándolo unos (v. g. Maurice Godelier) y rechazándolo otros (v. g. Perry Anderson). En todo caso, y aunque la propuesta de Bandera Roja es tentadora, creo que sigue siendo mucho más útil caracterizar al chavismo como un puro y duro bonapartismo, no por casualidad ellos mismos también recurren a la crítica que realizó Marx de la dictadura de Napoleón III, el sobrino de Napoleón Bonaparte. Efectivamente, en mi opinión está bastante claro que Chávez fue una baza que jugó cierto sector del capitalismo nacional venezolano, para combatir a los viejos partidos que se turnaban en el poder desde la reinstauración de la democracia (burguesa), tras la dictadura (no menos burguesa) de Pérez Jiménez en la década de 1950. Por lo tanto, más que un déspota, allí lo que se elige e impulsa, de forma consciente hasta cierto punto, es un dictador "democrático" burgués; ahora bien, las peculiaridades de la dictadura burguesa de Chávez van a ser tales que, por ejemplo, va a contar con el apoyo de casi toda la izquierda y, particularmente, del pueblo trabajador tanto obrero como campesino, además de la clase media adocenada por los cantos de sirena del capital nacional que gasta ingentes cantidades de dinero para promover la candidatura de Chávez y a su nuevo movimiento partidista (una clase media que, más tarde, se vería contrariada por el camino que tomaba aquel nuevo régimen, la quinta república bolivariana, hasta el punto de comenzaría a seguir el camino del exilio). Por lo tanto, más que un régimen despótico de nuevo cuño, se trata de un régimen dictatorial burgués que adopta la forma bonapartista o cesarea, del líder fuerte aunque popular y, por ello mismo, atenta a las necesidades de la gente (lo que le da pie a desarrollar toda una serie de programas "socialistas" y caracterizar a su gobierno como tal). Por lo tanto, ¿dónde queda el revisionismo de izquierda que denuncia Bandera Roja en el chavismo? El chavismo, como régimen dictatorial de la burguesía, en su forma bonapartista y progresiva, concentra rápidamente todos los poderes del Estado, aunque siga valiéndose de una Constitución democrática y liberal para hacerlo, ignorando a la Constitución cuando lo cree necesario, hasta tratar de traducir constitucionalmente el nuevo régimen que está construyendo sobre el andamiaje del anteriormente democrático burgués; en ese caso, la dictadura descubre su naturaleza totalitaria fundamental (concentradora de la soberanía en un poder indivisible en la jefatura del Estado, y no sólo en su base popular). Semejante concentración del poder sólo se ha producido en los Estados incipientemente burgueses, cuando la burguesía ha tenido que legislar sobre la marcha su propio dominación política de clase según la iba cimentando (durante el gobierno de Oliver Cromwell en Inglaterra en el siglo XVII, y durante la revolución francesa a partir de 1789, tanto bajo el gobierno de los jacobinos como bajo el gobierno de Napoleón Bonaparte), también se ha dado cuando el régimen burgués tenía que enfrentar una nueva amenaza sobrevenida que amenaza su dominio como la había ocurrido desde que logrará acabar con el antiguo régimen feudal (como le ocurrió a la burguesía en el periodo de los fascismos europeos en la década de 1930), y también ha ocurrido cuando la clase obrera, en un momento histórico similar al que atravesaron los regímenes de la burguesía cuando comenzaron, ha tenido que rediseñar su propia dominación de clase (la dictadura del proletariado) según se concretaban los planes golpistas de la burguesía desalojada del poder.

(9) Aunque sea rizar el rizo, convendría diferenciar entre despotismo y tiranía (aunque se utilicen indistintamente). Cuando hablamos de despotismo, solemos referirnos al despotismo oriental o asiático, propio de los imperios de la antigüedad (egipcio, babilónico, asirio, indio, chino y azteca), basados en la propiedad estatal de la tierra y su explotación mediante el regadío (por eso son imperios asociados al dominio y explotación de las riveras de los grandes ríos), el dominio despótico se basa en grandes burocracias que tienden a ser endogámicas y monopolizar los recursos del Estado en perjuicio de campesinos y ganaderos (a los que se explota por la doble vía de su trabajo y los impuestos), con un comercio poco desarrollado y un estamento militar y sacerdotal que garantizan el dominio del Estado mediante la coerción física y la manipulación ideológica; la corte imperial reduce a la población a la condición de sierva, y la jefatura del Estado combina las atribuciones de la administración civil, el ejercicio de la guerra y el sacerdocio (de ahí que el rey o emperador sea elevado a la condición de dios viviente), siendo la jefatura del Estado hereditaria. En cambio, la tiranía suele ser más personalista o corporativa, obedeciendo su aparición a circunstancias temporales, que una vez que desaparecen desaparece también la razón de ser de la tiranía, en todo caso su dominio es transitorio y resultado de una reacción estamental o clasista a un estado de crisis social y político; podría asimilarse esta forma de dictadura a las dictaduras comisariales (por delegación de funciones políticas) aunque, en general, basta con una reacción clasista y estamental a un momento de crisis política en que se pone en cuestión el orden legal imperante (en el caso de una revuelta social o de una guerra): así, aparecería la dictadura de los 30 tiranos en Atenas (con motivo de la guerra del Peloponeso), la dictadura de Sila en Roma (durante las guerras itálicas), la dictadura de Franco en España (durante la guerra civil que acaba con la II República, hasta la reinstauración de las libertades democráticas), la dictadura de Pinochet en Chile (que redacta una Constitución vigente recelosa de la acción de los partidos políticos) o la actual dictadura de la junta militar en Tailandia

(11) En ese sentido, es cuando Marx emplea la expresión del "lumpemproletariado" para referirse a un subgrupo, dentro del proletariado, que realiza el trabajo sucio de las dictaduras (Marx se refería a la de Napoleón III), pero también se puede identificar con grupos sociales desclasados, con poca o ninguna conciencia de clase, desherados sociales, parias en la sociedad de castas india, repudiados, para quienes se reserva los trabajos que nadie quiere; este "cuarto mundo" (por utilizar una terminología contemporánea) está integrado por todo tipo de excluidos de la sociedad "oficial", en medio de la marginalidad y la delincuencia, y será el objeto de análisis del romanticismo artístico y político que tiene en el nihilismo su formulación filosófica más acabada.

(12) La organización de milicias populares, con carácter defensivo u ofensivo que, en un sentido estricto, son organizaciones paramilitares. Al comienzo de la guera civil española (1936-1939), el gobierno se negó a organizar este tipo de milicias, hasta que, más tarde, se vió superada por los hechos, dado que, tanto entre los golpistas como los republicanos, empezaron a organizarse de una forma más o menos espontánea. No están reconocidas por el derecho internacional de guerra y en toda negociación de paz se exige su desmovilización y la recuperación de su armamento, como paso previo.

(13) Un capítulo aparte serían las querellas internas dentro del chavismo que se agudizan tras la desaparición de Hugo Chávez. Por paradójico que parezca, nos hemos enterado de las mismas por el mismo medio que nos ha informado de las divisiones internas dentro de la oposición anti-chavista: el propio gobierno o sus servicios de información, porque el aireamiento de estas diferencias sirve para que bascule la balanza a uno u otro lado.

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